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Sepulcros de masones en iglesias católicas

Uno de los mitos más fáciles de rebatir es: “los masones no fueron enterrados en las iglesias”.

En realidad, desde que Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia refrendaron el Decreto 109, el 13 de diciembre de 1821, que obligaba a “todos los cadáveres a ser conducidos y sepultados en el cementerio que se llamará de Miserere”, casi no se volvieron a usar las iglesias como sepulcro de ricos e influyentes —sí de obispos y otros clérigos renombrados—, salvo contadas excepciones.

Entonces no se disponía del dinero necesario para refaccionar el enterratorio —lugar que hoy ocupa Nuestra Señora de Balvanera—, por lo que se optó por decomisar el huerto de naranjos de los padres recoletos, aledaño a la iglesia del Pilar. Así se creó el Cementerio del Norte —más tarde, Cementerio de la Recoleta—, por un artículo del 8 de julio de 1822, siendo nombrado capellán el padre Juan Antonio Acevedo, que ya ejercía esa función en el humilde cementerio de los betlemitas.

La incineración de los cadáveres estuvo expresamente prohibida por la Iglesia Católica hasta la década de 1960.

El primero en proponer la cremación en la Argentina fue el doctor Pedro Mallo, hacia 1879, a través de la Sociedad Científica Argentina, aunque la primera practicada fue recién el 26 de diciembre de 1884, con don Pedro Doime, fallecido por fiebre amarilla, a fin de evitar un nuevo rebrote de la epidemia que, en 1871, se cobró alrededor de 15.000 vidas.

Hoy, decenas de iglesias en nuestro país ya poseen cinerarios, donde pueden ser depositadas las cenizas de 5.000 personas en un metro cúbico. ¿Puede la Iglesia realmente controlar la membresía a la Masonería de cada difunto que allí se deposita? Si no tiene acceso a los archivos de las actas de filiación masónica, la respuesta es sencillamente “no”.

Pero no se pueden minimizar los casos de aquellos masones que, previamente a estas grandes reformas, encontraron descanso en lugares sagrados de nuestro país. Damos por obvio que no fue su voluntad develar su membresía a la Masonería; o, si en algún caso esto no pasó inadvertido, al menos la Iglesia hizo oídos sordos. Entre estos destacados, sin agotar la lista, reconocemos a:


1.     Libertador José de San Martín (1778-1850), sepultado en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.

2.     Tomás Guido (1788-1866), sepultado en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.

3.     Juan Gregorio de Las Heras (1780-1866), sepultado en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.

4.     José Eusebio Agüero (1790 o 1791-1864). Tuvo una destacada actuación sacerdotal; sin embargo, sin negar su pertenencia a la masonería, pidió ser enterrado “en el cementerio público y en la sección destinada a los Eclesiásticos”. No se cumplió su voluntad, pero se le dio sepultura en la cripta de la Catedral Metropolitana, en la Ciudad de Buenos Aires.

5.     Juan José Antonio Castelli (1764-1812), sepultado en la iglesia de San Ignacio, en la Ciudad de Buenos Aires. Los restos del vocal de la Primera Junta fueron colocados el 12 de octubre de 1812 en el templo, frente al altar de San Judas Tadeo.

6.     Manuel Belgrano (1770-1820) yace en un mausoleo en el atrio de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario y convento de Santo Domingo, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, este prócer argentino fue sepultado con el hábito de la orden de los dominicos, por voluntad testamentaria de Belgrano, quien pertenecía a la Orden Tercera de Santo Domingo, de la cual había sido un gran benefactor.

7.     Antonio González Balcarce (1774-1819), vencedor de Suipacha, también está sepultado en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, convento de Santo Domingo, en la Ciudad de Buenos Aires.

8.     Hilarión de la Quintana (1774-1843). El general lautarino y tío de Remedios de Escalada descansa en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, convento de Santo Domingo.

9.     José Matías Zapiola (1780-1874), sepultado en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, convento de Santo Domingo, por ser nieto de Juan Lezica y Torrezuri, fundador de la ciudad de Luján, quien contribuyó a la construcción de la basílica.

10.                        Juan José Antonio Castelli (1764-1812), sepultado en la iglesia de San Ignacio, en la Ciudad de Buenos Aires. Los restos del vocal de la Primera Junta fueron colocados el 12 de octubre de 1812 en este templo, frente al altar de San Judas Tadeo.

11.                        Mariano Acosta (1825-1893), el gobernador de la provincia de Buenos Aires, por haber sido laico franciscano, fue velado y sepultado junto a su esposa en la cripta de la iglesia San Francisco, en la Ciudad de Buenos Aires.

12.                        Dardo Rocha (1838-1921), sepultado en la Catedral de la ciudad de La Plata, junto a su esposa, Paula Arana.

13.                        Justo José de Urquiza (1801-1870), sepultado en la Catedral de la ciudad de Concepción del Uruguay.

14.                        Santiago Derqui (1810-1867), expresidente de la Nación, descansa hoy en la iglesia convento de la Santísima Cruz de los Milagros, en la ciudad de Corrientes. Al fallecer Derqui, el 5 de noviembre de 1867, en Corrientes, y debido a la excomunión que le había impuesto el obispo local, sus restos quedaron insepultos durante varios días. Este caso, sumado al de los restos de Julián Agüero, que se encontraba exiliado en Montevideo —donde falleció en 1851 sin encontrar cristiana sepultura por su condición de masón—, hizo que Bartolomé Mitre tomara las riendas del asunto y pugnara por la laicización de los cementerios.

15.                        Justo Germán Bermúdez (1783-1813), sepultado en el cementerio del Convento de San Lorenzo, en Santa Fe.

16.                        Luis Jorge Fontana (1846-1920), primer gobernador de la provincia de Chubut y fundador de la ciudad de Formosa, fue sepultado en la Catedral formoseña.

17.                        José Antonio Wilde (1813-1885). Sus restos descansan en el atrio de la Catedral de Quilmes. Médico y escritor, fue iniciado en la masonería y era tío de otro masón, Eduardo Wilde. La ciudad de Wilde, en el partido de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, fue nombrada así en su honor.

18.                        José María Paz y Weild (1791-1854). El general murió en Buenos Aires el 22 de octubre de 1854 y fue sepultado en el Cementerio de la Recoleta con los más altos honores. En 1956, cadetes de la décima promoción del Liceo Militar General Paz de Córdoba trasladaron los restos de Paz desde la Recoleta hasta la Catedral de Córdoba. Años más tarde, los restos de su sobrina-esposa también fueron repatriados desde Brasil para que descansaran junto a los de su esposo.

19.                        Juan Antonio Álvarez de Arenales (1770-1831). En mayo de 1959 llegaron a la Catedral de Salta sus restos y fueron depositados en el Panteón de las Glorias del Norte de la República.

20.                        Eustaquio Frías (1801-1891). En 1963 los restos del general fueron depositados en el Panteón de las Glorias del Norte, en la Catedral Basílica de Salta.

21.                        Rudecindo Alvarado (1792-1872), sepultado en el Panteón de las Glorias del Norte, en la Catedral Basílica de Salta. Fue iniciado en la Logia del Ejército de los Andes y fundó la Logia San Juan de la Fe de Paraná.

22.                        José Antonio Moldes (Salta, 1785-1824), presidente de la Conjuración de Patriotas y, en 1808, de Caballeros Racionales N.º 3 en Madrid. Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte, en la Catedral Basílica de Salta.

23.                        José Fructuoso de Gurruchaga y Fernández Pedroso (Salta, 1768-1821). Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte, en la Catedral Basílica de Salta. Fue el primer presidente de la Sociedad Lautaro, fundada en Cádiz en 1811 como filial de la logia fundada por Miranda en Londres.

24.                        Francisco Bruno de Gurruchaga y Fernández Pedroso (Salta, 1766-1846). Sus restos descansan en la Basílica Menor y Convento de San Francisco de la ciudad de Salta. En 1807, junto a su amigo Moldes, ejerció la presidencia de la Conjuración de Patriotas. Luego integró la Logia Lautaro de Cádiz y otras logias en Salta, siempre junto a Moldes.


La afirmación que sigue levitando en el imaginario popular es “están fuera de la iglesia, no están en tierra consagrada”.

Pero no nos olvidemos que el mausoleo fue construido sobre parte de las tierras del antiguo camposanto de la iglesia, previamente bendecido como tal y actualmente incorporado al predio de la Curia Metropolitana. Y… ¿Acaso no estaba aquel camposanto colonial, donde hoy se yergue el mausoleo, bendecido con la gracia de Dios Todopoderoso? Definitivamente sí, haciéndose justicia al credo de nuestros prohombres, grandes masones y fervientes católicos.


 Lic. Tamara Le Gorlois

Otras notas sobre


Monumento y vida masónica del general Manuel Belgrano


Por Lic. Tamara Le Gorlois

 “Su caballo no tenía más lujo que un gran mandil de paño azul, sin galón alguno, que cubría la silla, y que estaba cansado de verlo usar en Buenos Aires a todos los jefes de caballería.” José Celedonio Balbín


El general Manuel Belgrano falleció el 20 de junio de 1820, en medio de un caos político ("el día de los tres gobernadores”) que le restó sonoridad a sus exequias.

Para rendirle pleitesía, en 1870, se nombró una comisión masónica integrada por el general Bartolomé Mitre, Manuel José Guerrico y el general Enrique Martínez, encargada de erigir un monumento ecuestre en la Plaza 25 de Mayo (hoy Plaza de Mayo), que estaba separada de la plaza Victoria por la Recova.
Albert-Ernest Carrier-Belleuse realizó la figura del prócer, quien a su vez confió al argentino Santa Coloma la realización del caballo. Santa Coloma fue el primer argentino en nacer en una delegación diplomática nacional en el extranjero: nació en Burdeos, Francia, cuando su padre se desempeñaba, designado por Bernardino Rivadavia, como Primer Cónsul General de la República.

Librería Ateneo Grand Splendid



Lic. Tamara Le Gorlois  

Nuestra ciudad ostenta, al decir del periodista Sean Dodson, la segunda librería más destacada del mundo (según el ranking que publicó  en el periódico inglés The Guardian). Se trata de El Ateneo Grand Splendid, la librería más grande de Sudamérica. Es una librería con aires de biblioteca que no hesita en seducir al visitante a apoltronarse en alguno de sus palcos para leer cuanta obra haya a la venta (Av. Santa Fe 1860. Tel. 0810-333-9872 ó 4813-6052 www.grandsplendid.com). Abre de lunes a jueves, de 9 a 22 hs., viernes y sábados de 09:00 a 00:00 hs, domingos de 12:00 a 22:00 hs.



Sibilas en la Catedral Metropolitana, Ciudad Autónoma de Buenos Aires


En el tambor de la cúpula de la Catedral Metropolitana, Paolo Francesco Parisi (1857-1948) pintó cuatro Sibilas: Cumana, Délfica, Eritrea y Tiburtina; simbolizando las cuatro virtudes cardinales: Fortaleza, Prudencia, Templanza y Justicia.

Y en la sacristía de la iglesia de San Pedro González Telmo, también en la ciudad de Buenos Aires, se encuentran doce de ellas.

La Sibila, personaje de la mitología griega y romana, también estuvo presente en las tradiciones cristianas y judaicas de los siglos I a. C. a I d. C. Se trata de una profetisa, inspirada en ocasiones por Apolo u otros dioses, capaz de conocer el futuro.

Cuenta la tradición que la joven Sibila, hija del troyano Dárdano y de Neso (hija del gobernador Teucro), estaba dotada del don de la profecía, y tenía una gran reputación como adivina. De ahí en más, las mujeres que tuvieron la capacidad de profetizar, fueron llamadas Sibilas.

Las Sibilas eran longevas, con vidas aisladas y misteriosas, morando en grutas o cerca de cursos de agua.

Las profecías eran manifestadas siempre en estado de trance y expresadas en hexámetros griegos que transmitían por escrito. El hexámetro es el verso muy usado en la poesía épica, en la sátira y en la poesía didáctica griega y latina. Consta de "seis metros", es decir, de seis pies, dáctilos o espondeos medidos por la cantidad de la sílaba, no por la acentuación como en la literatura castellana.

Se cree que la más antigua en la mitología griega fue "Trofile", hija de Júpiter y de Lamia (hija de Neptuno o Poseidón), considerando su don de origen divino. Algunas tradiciones citan a Herófila (quien profetizó la guerra de Troya) como hija de Zeus.

Luego surgieron otras, que se conocieron por el gentilicio del paraje donde moraban:

* Sibila babilónica o pérsica
* Sibila cimeria
* Sibila de Cumas o cumana (la más importante de todas en la mitología romana)
* Sibila de Samos
* Sibila del Helesponto
* Sibila délfica
* Sibila frigia
* Sibila Herófila de Troya
* Sibila libia
* Sibila tiburtina

Heráclito (siglo V a. C.) fue el primer autor griego en mencionar una Sibila.
Platón también mencionó una Sibila, y con el tiempo se fueron conociendo tres, diez y hasta doce.

Pero las Sibilas más conocidas son, sin dudas, las pintadas por Miguel Ángel en la bóveda de la Capilla Sixtina, intercaladas con cinco profetas. Eran las cinco Sibilas más representativas en su época: Cuma (o cumana), Persea (o pérsica), Eritrea, Délfica y Líbica. Cada una de ellas, a su manera, predijo el advenimiento de la era cristiana y por eso el Papa Julio II las quiso representar en la Capilla Sixtina. Todas aparecen en amplios asientos, consultando libros o papeles; figurando en ambos lados de cada fresco, dos pequeñas figuras desnudas.

Venden por Internet los restos del Pabellón Argentino de 1889

Nota de La Nación: http://www.lanacion.com.ar/1693091-venden-por-internet-los-restos-del-pabellon-argentino-de-1889


Una familia pide $ 1,5 millones por lo que queda de la monumental estructura de hierro creada para la exposición internacional de París; las columnas y las vigas están en un campo de Merlo

LA NACION
MIÉRCOLES 21 DE MAYO DE 2014
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Hace dos meses, un inusual producto empezó a venderse por Internet: los restos del Pabellón Argentino en la Exposición Universal de París de 1889. La estructura, que formó parte de la feria mundial en la que la Argentina se mostró al mundo junto a la Torre Eiffel a fines del siglo XIX, y que fue declarada Bien Cultural de la Ciudad por la Legislatura porteña en 2009, está compuesta por 16 columnas de 9 metros de alto, ocho cabriadas y doce vigas de entrepiso. Según sus vendedores, representa un tercio del pabellón original. Hoy se puede conseguir, con un clic, a $ 1.500.000 en Mercado Libre.
Sus propietarios, herederos de Isidro Solana, el último dueño, que instaló la estructura en el fondo de su casa en Mataderos, explicaron a LA NACION que decidieron ponerla en venta "para cerrar un ciclo de la historia". Es que, antes de llegar a sus manos, había pasado por un ajetreado periplo de 125 años.
En 1889, el pabellón se mostró en todo su esplendor en París con sus vitrales, sus cúpulas y lámparas eléctricas que lo mantenían iluminado durante la noche. Después de la exposición, se lo desmontó y se lo trajo a Buenos Aires, donde fue sede de la Exposición Internacional del Centenario de la Revolución de Mayo y, luego, del Museo Nacional de Bellas Artes.
El imponente Pabellón Argentino que participó de la Exposición Universal de París en 1889
El imponente Pabellón Argentino que participó de la Exposición Universal de París en 1889.Foto:Archivo
En 1933 se lo remató como chatarra. Cuando, en 1947, Solana compró una propiedad sobre la calle Andalgalá al 1400, en Mataderos, los hierros ya estaban apilados allí. Él los ensambló y les colocó un techo de postes de lapacho y chapas bajo el que funcionaron una fábrica de carruajes y un taller hasta años antes de su muerte, en 1997.
Pabellón Argentino en la Exposición Universal de París de 1889. Foto: www.arcondebuenosaires.com.ar
Pabellón Argentino en la Exposición Universal de París de 1889. Foto: www.arcondebuenosaires.com.ar
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"Desde entonces la intención fue venderlo -explicó una de sus hijas, que pidió no publicar su nombre-, aunque para eso teníamos que estar seguros de su valor. Mi papá siempre pensó que había sido un cuartel de los Granaderos que había funcionado en la plaza San Martín. Pero después de investigar en archivos, bibliotecas y hemerotecas, con mi hermano descubrimos que era parte del Pabellón de París." Visitaron a un anticuario ya fallecido de apellido Bonamassa, en el barrio de San Telmo, quien estimó el valor de la estructura en 600.000 dólares.
A partir de entonces, se sucedieron ofertas a particulares, entidades públicas y privadas, pero ninguna prosperó. Según contó la hija de Solana, funcionarios del gobierno porteño mostraron su interés por comprar la estructura en 1998, aunque la operación no se concretó. Relató que también se la ofrecieron al Museo Nacional de Bellas Artes, pero no recibieron respuesta, y que incluso le enviaron una carta a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
"Le contamos la historia del pabellón y que visitamos un museo en Trevelin en el que está el diploma ganador al mejor trigo del mundo en 1889, trigo de la Patagonia. La mandamos hace dos o tres años a Balcarce 50, no sé si se la habrán hecho llegar", recordó.
Los festejos del Bicentenario reactivaron la intención de vender los restos. "Vimos que el gobierno de San Luis había hecho una réplica impresionante del Cabildo y pensamos que tal vez les podría interesar. Les llevamos una carpeta con toda la información, pero no pasó nada más", relató la hija de Solana. "Después leímos que Francisco de Narváez había comprado una biblioteca de Perón en una subasta millonaria y le escribimos un mail, pero nos respondió muy amablemente que no estaba interesado", agregó.
En agosto de 2002, los terrenos de la calle Andalgalá al 1400 se vendieron, la estructura se desarmó y hoy hay construidos unos dúplex. Según asegura uno de los nietos de Solana, los hierros se encuentran en un campo en Pontevedra, partido de Merlo, en la provincia de Buenos Aires.
"Elegimos difundir la venta por Internet porque es lo más visto", explicó el joven, que es usuario activo del sitio Mercado Libre desde hace casi diez años. Hasta el momento, admitió, no recibieron ninguna oferta. "Es un bien con un triple valor: por su antigüedad, su conservación y su material, ya que las columnas llevan un sello de origen de Anzin, Francia", opinó la hija de Solana.
"Da nostalgia venderlo. Mi papá estaba tan orgulloso y trabajó como loco para armarlo con sus propias manos, pero no sé qué podríamos hacer con él. Sería un sueño que lo volvieran a armar para eventos o exposiciones, o que algún privado lo compre para instalarlo al aire libre. Tal vez algún empresario como Alan Faena, aunque no sabemos cómo llegar a él", agregó.

UN PERIPLO DE 125 AÑOS

1889
El Pabellón Argentino se armó en París. Luego, en Buenos Aires, fue sede de la exposición por el centenario de la Revolución de Mayo
2014
Tras ser rematada como chatarra en 1933, los restos fueron hallados en una casa de Mataderos. Hoy, permanecen en un campo de Pontevedra, Merlo

Tour Sarmiento y la Masonería. Sábado 12 de septiembre 2015, 15 hs

Un recorrido por la vida masónica del Maestro de los Maestros a cargo de la Lic. Tamara Le Gorlois.

Entenderemos los más finos y controvertidos detalles de su vida privada, así como en su labor docente, literaria, política, estadista y militar. Sarmiento, además, fue forjador de la Generación del ’80 y de un legado positivista presente hasta nuestros días.
Descubriremos en su figura cómo el engranaje masónico lo convirtió en uno de los más conspicuos prohombres de la Historia argentina, comprometido desde el más alto grado de la Masonería.
El recorrido se desarrolla, a su vez, descubriendo la simbología y patrimonio masónico en la zona norte de la ciudad de Buenos Aires.

Sábado 12 de septiembre 2015, 15 hs  

Precio por persona: $ 200 (incluye la entrada al Museo Sarmiento, en Belgrano).

Visita de la Gran Logia, su museo, dependencias, city tour masónico en Buenos Aires, y visita de un templo en Barracas.


Sábado 11 de junio 


Visita de la Gran Logia, su museo, dependencias, city tour masónico en Buenos Aires, y visita de un templo en Barracas.

Encuentro: 14:45 en la puerta del Cine Gaumont, Av. Rivadavia 1635, CABA. Finaliza en el mismo lugar a las 18 horas. Costo: 260 pesos.
Visitaremos la Gran Logia y el templo de Barracas, presentando el patrimonio masónico en la Argentina, analizando su historia y simbología, visitando lugares, monumentos y edificios de gran connotación masónica en la Ciudad de Buenos Aires.

NO SE SUSPENDE POR MAL TIEMPO

Se podrá tomar fotografías en todo el recorrido.

Informes y reservas:
tamaralegorlois@gmail.com


Lic. Tamara Le Gorlois

La Diana cazadora, Dayna, Dana, Diana, Daiana, Nada, Nadia, Nair, Nadir…

Por Lic. Tamara Le Gorlois
Cuadro: Diana y sus lebreles. Gaston Casimir Saint-Pierre (1833-1916). 

El lenguaje avéstico, que recibe este nombre por ser el escrito en el Avesta –textos sagrados de la religión zoroástrica–, fue hablado por el antiguo grupo iranio de la Persia septentrional. Se considera una lengua indoeuropea hermana del sánscrito védico y es, de las antiguas lenguas iraníes, la mejor atestiguada junto con el antiguo persa; suerte que no tuvieron el medo y el escita, lenguas apenas conocidas por palabras trasmitidas ocasionalmente en otros idiomas.
Los textos avésticos nos llegan con contenidos religiosos del zoroastrismo (de mediados del primer milenio a. C.) y textos poéticos impregnados de mitología y tradiciones épicas del antiguo Irán (por lo general anteriores al zoroastrismo).

Del lenguaje avéstico nos llega la palabra Daena (pronúnciese daina, o din en persa moderno), concepto zoroástrico que representa la intuición y la revelación; la "consciencia" o "religión" entendida como el volver a ligarse con lo divino.
Daena significa "El camino de la luz" o "lo que es visto u observado", donde "dae", se pronuncia "day" y significa "luz" (vocablo celebrado como uno de los 30 días del mes, por lo general reservado como un atributo de la divinidad) y "na", que se pronuncia "naa", quiere decir "el camino de".
Las dos sílabas ("day" y "naa") se han utilizado como nombres en idiomas de origen indoeuropeo como Dayna, Dana, Diana, Daiana, Nada, Nadia, Nair o Nadir.
Daena es considerada una divinidad yazata o persa, al igual que Ashi, Haoma y Mitra, y es mencionada en los Gathas, serie de diecisiete himnos supuestamente escritos por Zoroastro. Es nombrada brevemente en el Gatha Ahunavaiti tanto como en el Gatha Ushtavaiti, asociada a la recompensa que los fieles recibirán en el Más Allá tras una vida iluminada.
Esto no difiere de su representación en escritos posteriores avésticos, como el Vendidad, donde Daena es mostrada como psicopompo que guía a las almas buenas y puras a la Casa de los Cantares, el paraíso zoroástrico, el ascenso de nivel en el camino alquímico, en tanto que las almas que no buscaron su sublimación son arrastradas a la Casa de las Mentiras, supuesto lugar de castigo. La iconografía que acompaña este concepto, representa a Daena como una hermosa doncella de finas vestiduras secundada por dos perros. El perro o lebrel es figura recurrente al momento de representar al psicopompo, fiel guía y guardián de las almas iluminadas. Y de estos conceptos deriva el de Diana cazadora acompañada por sus lebreles.
El sacerdote y erudito zoroastriano Maneckji Dhalla escribe en su Teología zoroástrica que en el amanecer del cuarto día después de la muerte aparece al alma su propia daena o consciencia religiosa en forma de bellísima doncella.

"Entonces llega la bien formada, fuerte, hermosa doncella, con dos perros a ambos lados, vistiendo una prenda ajustada y diadema, feliz y sabia. Hace que las almas de los justos suban al alto Hara y les dirige para cruzar el Puente Cinvat en presencia de los yazatas espirituales."
Videvdad 13.9

La ley eterna Daena fue revelada a la humanidad mediante los Mathra-Spenta ("Palabras Sagradas"). Daena hace referencia a la fe, la religión, la ley, incluso como traducción del término Dharma de los hindúes y budistas, interpretado como "deber", orden social, conducta virtuosa.

La metáfora del "camino" de Daena es representada en el zoroastrismo por el Sudre o Sudra (la camiseta sagrada), el camino ventajoso, el de la justicia, el "Buen o Santo Camino" y la faja Kusti o cordón sagrado (equivalente a la prenda ajustada o fajada de la doncella) de 72 hilos que se coloca sobre el Sudre, indica la dirección correcta a seguir por ese camino, los límites apropiados. La palabra Kusti puede significar "el que encuentra el Camino" o "lo que señala la dirección correcta o la ruta", en analogía al hilo de Ariadna. Kusti también distingue a aquellos que están en el lado kust (es decir, los que creen) del zoroastrismo.
Algunos toman esta palabra Kusti ser kishti, traducida como barco, la nave psicopompa, que como pez, delfín o ballena nos hace navegar en aguas Primordiales y lleva al refugio de la justicia. Cualquiera sea la interpretación, Kusti simboliza e indica la dirección en el camino de la rectitud.

El hilo retorcido (en realidad lana de cordero, símbolo de inocencia y pureza) de la Kusti pasa 72 veces alrededor del telar. Representa los 72 temas del Yasna divididos en seis capítulos –seis festivales (Gahambars) de un año zoroástrico–, cada uno con doce temas –los doce meses del año–. Es un hilo continuo que se hace pasar, en el proceso de tejer, a través de cada una de las seis líneas. Cuando el tejido está casi terminado, se retira del telar y es entregado a un sacerdote que le dará corte y consagrará. Es privilegio de las mujeres de la clase sacerdotal tejer y elaborar el cordón sagrado, y es el privilegio del sacerdote cortarlo, formar las seis borlas y la santificarlo.

Se gira la Kusti, que es hueca, de adentro hacia afuera, el giro simboliza el paso del alma desde lo corporal hacia el mundo espiritual, y el hueco, el espacio entre este mundo y el siguiente, la duplicación que esto produce, es la conexión entre el mundo corpóreo presente y futuro del mundo espiritual, y la unión final de todos los hilos, símbolo de la fraternidad universal.

El Sudre y Kusti de los parsis recuerda las prendas de vestir blancas y el cinturón de los esenios; el Janôi o hilo sagrado de los brahmanes y el cordón usado por los frailes franciscanos alrededor de sus cinturas.

Los colosos de Siemens, a metros de Plaza de Mayo

 Foto: Alfredo Martínez 

Cuando escuchan la palabra “coloso”, muchos amantes de la Historia enseguida la asocian con la imagen de aquella estatua monumental construida en la entrada del puerto de la isla de Rodas, en Grecia, y dedicada al dios Helios. Dicen que estuvo allí entre los años 292 y 226 A.C., cuando un terremoto la destruyó. Hecha con placas de bronce sobre un armazón de hierro (calculan que aquella estatua pesaba unas 70 toneladas) fue una de las siete maravillas del mundo antiguo. Por supuesto que Buenos Aires no tiene una obra de tanta magnitud, pero también puede mostrar a unos colosos y nada menos que a metros de la Plaza de Mayo.
Se los conoce como los colosos de Siemens porque están encaramados en el edificio que esa empresa alemana ocupaba en la ochava de la diagonal Julio A. Roca y Bolívar. La construcción es de 1952 y la realizó el arquitecto Arturo Dubourg. La empresa estuvo allí desde 1958 hasta 2011, cuando se mudó a Vicente López. Pero las estatuas (cada una mide tres metros), que integran un conjunto que además tiene una campana y un reloj, recién fueron colocadas en ese lugar en 1992. La inauguración fue el 21 de mayo (las izaron con grandes grúas) en una ceremonia que tuvo música de la Banda del Regimiento de Patricios.
Contra lo que se podría suponer, el conjunto no fue hecho especialmente para ese lugar. Su primer destino fue el décimo piso del edificio que, en 1930, la empresa alemana tenía en Avenida de Mayo 869. Allí, por un sistema de relojería, los colosos hechos en bronce marcaban las horas golpeando la campana con grandes martillos. Cuentan que la obra había sido fundida en la empresa Bellini e Hijos, que el inmigrante italiano Juan Bautista Bellini creó en 1892 en San Carlos Centro, a 45 kilómetros de la ciudad de Santa Fe. La firma aún se dedica a fabricar campanas y dicen que es la única en América del Sur especializada en estas fundiciones.
Casi a fines de la Segunda Guerra Mundial, la Argentina decide expropiar todos los bienes de origen alemán que había en el país. Entonces aquellos colosos fueron bajados y entregados a la CGT. Ya en 1950 se decidió que el conjunto se colocara sobre el edificio de la editorial ALEA (Bouchard 722, cerca de Viamonte), donde estaba la sede de los diarios Democracia, Noticias Gráficas y El Laborista, el sector periodístico que manejaba Carlos Vicente Aloé, dirigente justicialista y ex gobernador bonaerense. El derrocamiento del gobierno constitucional en 1955 también afectó a la obra: abandonado y saqueado, el conjunto de los colosos cayó en desgracia.
El abandono duraría hasta 1988, cuando la empresa Siemens aceptó una restauración. Del original sólo quedaban las dos estatuas y la campana rota. La máquina del reloj había sido desguazada. Por eso, reemplazaron el mecanismo con otro electrónico para las agujas. Además, ese equipo de computación reproduce el movimiento original que tenían los colosos, aunque no llegan a golpear la campana porque el sonido lo produce una máquina. De todas maneras, en 2004 se decidió desconectarlo: dicen que el ruido afectaba a los huéspedes de un hotel vecino.
Los colosos de Siemens, con su pátina verde de tanta intemperie, siguen en Bolívar y Diagonal Sur, a lado del Cabildo, en Monserrat. Y suelen ser fotografiados por los que recorren la Ciudad para descubrir alguna de estas curiosidades. En el mismo barrio también pueden encontrar otra figura de un trabajador junto a un yunque. También realizada en bronce, la estatua se titula El forjador y fue el símbolo de la Casa Noccetti, que fabricaba maquinaria agrícola. El lugar después fue sede de la Ferretería Hirsch.
El forjador está sobre el edificio de Perú 535, a cuadras de los colosos. Pero esa es otra historia.

Nota de Eduardo Parise
Fuente: http://www.clarin.com/ciudades/colosos-Plaza-Mayo_0_1187281346.html

Museo Testimonial de Eva Perón. Historia de un cuerpo



Lic. Tamara Le Gorlois




En sus salas se expuso el cuerpo de Eva Perón durante casi tres años, custodiado y tratado para su conservación por el doctor Pedro Ara, hasta su secuestro en 1955.

El Museo Testimonial de Eva Perón funciona en la sede de la CGT (Azopardo 802) desde julio de 2003, por iniciativa del Instituto de la Mujer de esa central sindical.
La entrada es libre y gratuita, de lunes a viernes, de 11 a 17 h.
Tel. 4331-7111 ó 4343-1883 ó 4334-0596/99

Lorenzo Olarte conoció a Evita un día del trabajador, con apenas 20 años. Hoy es el más celoso guía de este museo y lo expone con todo orgullo, en un marco emotivo, de gran pasión y devoción hacia la “abandera de los humildes".
Dos salas en el segundo piso recuerdan el paso de la Primera Dama por la Confederación General del Trabajo de la República Argentina.
La visita también muestra el salón principal "Felipe Vallese", ubicado en el primer piso, cuyo nombre homenajea al primer obrero desaparecido. Tiene capacidad para trescientas personas sentadas.
La Sede de la Confederación General del Trabajo (C.G.T.), en su actual emplazamiento de Azopardo 820, fue construida entre los años 1949 / 50 y Declarada Monumento Histórico
en septiembre de 2007 (Ley/Decreto Decreto 1.233).
Fue inaugurada el 18 de octubre del año 1950, por el entonces Presidente Teniente Gral. Juan Domingo Perón.
El terreno, así como el inmueble, habían sido donados por Evita, a través de la "Fundación de Ayuda Social Eva Perón".
Los planos del edificio se encuentran entre los archivos personales del arquitecto Jorge Sabaté, donados por sus familiares al Instituto de Investigaciones Históricas "Eva Perón". Se construyó según la corriente estilística del Racionalismo.
Consta de un subsuelo, seis pisos, terrazas y cocheras.
En el cuarto y quinto piso se ubican el Salón de Reuniones del Consejo Directivo y el salón "José Ignacio Rucci", respectivamente.
La "Biblioteca para Obreros Eva Perón", en el tercer piso, cuenta con importante bibliografía especializada. Allí funciona una peña literaria declarada de interés cultural por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación.
El edificio (sus salones y despachos) ha sido sede y sitio de hechos relevantes en la historia del movimiento obrero argentino.
El 17 de julio de 1952, mientras Evita agonizaba, el Congreso Argentino aprobó la ley 14.124, autorizando la construcción de un monumento dedicado al trabajador.
En la capilla del monumento descansarían los restos mortales de Eva Perón dentro de una caja de cristal cubierta con una tapa de plata. La tapa tendría la forma de Eva Perón, como si estuviera dormida.
La idea era que cada 26 de julio (fecha del fallecimiento de Evita) esa tapa se levantara para que la gente pudiera ver los restos de Eva Perón y hacer una misa con los homenajes correspondientes. En aquella época estaba de moda que se expusieran los restos mortales de los grandes líderes.
El famoso escultor italiano, Leone Tommasi, quien había esculpido las estatuas que adornaban el frontispicio de la Fundación Eva Perón (la actual Facultad de Ingeniería), fue comisionado para hacer las estatuas y Juan Carlos Pallarols, afamado orfebre, recibió la comisión de hacer la máscara mortuoria de Evita y la capa de plata que cubriría la caja de cristal.
El entonces Ministro Dupeyrón y la Sra. Delia Parodi secundaron a Pallarols quien personalmente tuvo que tomar la mascarilla de arcilla del cuerpo de Eva Perón que ya se encontraba en la CGT. Pallarols trabajó haciendo esa tapa de plata durante tres años y con la Revolución del 1955, se dispuso por ley que todo lo que tuviera que ver con el gobierno de Perón debía ser destruirlo. Le obligaron a destruir su trabajo y a fundir todo lo que era de plata. Con eso vendió el material y recuperó parte de los gastos que había tenido. Los moldes de arcilla y yeso se rompieron en pedazos y se escondieron en Temperley y luego en un campo de la familia. Pallarols quedó muy apesadumbrado por la destrucción de ésta, su principal obra, lo que le trajo graves problemas de salud hasta fallecer de un ataque antes de los 60 años.
Historia de un cuerpo
El sábado 26 de julio, a las 10 horas, Eva Duarte entra en un sopor del que ya no saldría; a las 17 horas entra en coma. El lecho es rodeado por todos sus hermanos y más allegados colaboradores. A las 20:23 horas, el doctor Taquini le dice a Perón: -"No hay pulso".
A las 21 y 36 el locutor J. Furnot lee por la cadena de radiodifusión: "Cumple la Secretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20:25 horas ha fallecido la Señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación. Los restos de la Señora Eva Perón serán conducidos mañana, al Ministerio de Trabajo y Previsión, donde se instalará la capilla ardiente...".
Sus últimos deseos expresados a Perón fue que no quería que su cuerpo se consumiera bajo tierra y que sea embalsamado. Así es que a las once y media del 27 de julio sonó el teléfono en la casa del doctor Ara. Desde la Presidencia de la Nación requerían su urgente presencia esa misma noche.
Al llegar a la residencia, Perón le entregó las llaves de las piezas anexas a la habitación donde se hallaba el cadáver y le sugirió que no permitiera a nadie entrar al cuarto. Luego de esto se encontró con la modista y el peluquero quienes expresaron:"...¡Parece dormida!...". El peluquero cortó una mecha del cabello de Eva para su madre que Juan Duarte había mandado a cortar. La modista le tomó las medidas y la maquilladora le quitó el rojo de las uñas como Evita le había ordenado momentos antes de morir.
Así Ara comenzó a administrarle las primeras fórmulas, dejando listo el cadáver para un velatorio de casi 15 días. Trabajó desde las 22 horas hasta las 5 del día siguiente.
Con la muerte de Evita, la CGT decretó un duelo de 72 horas y en las plazas porteñas se levantaron pequeños altares con la imagen de Eva y un crespón negro.
Primero, el día 27 el cuerpo fue trasladado a la Secretaría de Trabajo y Previsión, donde ella tenía su despacho (actual Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires), donde el velatorio multitudinario se prolongaría hasta el 9 de agosto. Las colas de gente eran de casi 35 cuadras. La Fundación repartía frazadas para sostener la espera y se instalaron puestos sanitarios para la atención de las personas que esperaban. El cuerpo estuvo custodiado por un empleado que limpiaba constantemente el vidrio del féretro. El cuerpo vestía el hábito franciscano y llevaba el rosario obsequiado por S.S. Pío XII.
El 9 de agosto, el cuerpo fue trasladado al Honorable Congreso de la Nación. Dos millones de personas (la mayor procesión que se haya visto en Argentina) sostenían inquebrantablemente la fila para rendirle honores.
El 12 de agosto, a lo largo de la avenida Rivadavia, Avenida de Mayo, Hipólito Irigoyen y Paseo Colón, precedida por nueve patrulleros de la policía y diecisiete mil soldados al mando del Gral. José Domingo Molina, la cureña fue arrastrada por 45 gremialistas y escoltada por cadetes de institutos militares, enfermeras de la Fundación y alumnos de Ciudad Estudiantil.
A las 17:50 horas, con una salva de 21 cañonazos y corneta del ejército, seis empleados de una empresa fúnebre introdujeron el féretro en el segundo piso de la CGT.
Perón había puesto a disposición de Pedro Ara dos salas y un baño del segundo piso de la CGT para acondicionar un laboratorio donde el médico practicaría la tanatopraxia al cuerpo de Eva.
Frente a la entrada de la planta baja se levantó un monolito con la imagen de Evita y una gran cruz, que se mantuvo florido durante los siguientes tres años.
El 26 de agosto el doctor Ara conoció a las hermanas y madre de Eva quienes fueron durante los siguientes tres años a rezar a las puertas del laboratorio.
Le inyectaba parafina porque estaba muy flaca, muy demacrada y así reconstituyó el buen aspecto de la cara y Pallarols pudo confeccionar luego la mascarilla mortuoria, de la cual se conserva en el Museo Evita una copia en yeso; la original está en el museo de la familia Pallarols.
Se solía colocar el cuerpo de Eva en forma vertical para que el líquido que se le inyectaba pudiera deslizarse en su interior. También se la sumergían en parafina (cera) caliente para rellenar partes del cuerpo que después se modelaban. La cera evitaba el paso del aire, impidiéndose así la oxidación y la contaminación del cuerpo.
El trabajo se prolongó hasta que en 1955 Perón fue derrocado.
Eduardo Lonardi designó comandante en jefe del Ejército al general Julio Lagos, y éste nombró al coronel Héctor Cabanillas jefe del Servicio de Informaciones del arma. Cabanillas sería, años después, la clave en todo el proceso de recuperación del cuerpo. Después del 13 de noviembre de 1955, Cabanillas fue reemplazado al frente de la SIE por el teniente coronel Carlos Moore Koening, que llevó como su mano derecha al mayor Arandía.
El cuerpo de Eva Duarte constituía, para algunos hombres del gobierno que depuso a Perón, un motivo de peligro, y su exhibición en el edificio de la CGT era considerada como una bomba de tiempo. El coronel Cabanillas comenzó a pensar una alternativa para dar cristiana sepultura al cadáver, aunque después negara su planificación. Cuando Koening lo reemplazó, obtuvo el permiso del general Aramburu para realizar el operativo. Según lo que se dijo después, Aramburu le ordenó dar cristiana sepultura al cuerpo embalsamado, "pero yo no debo saber dónde".
El 22 de noviembre de 1955, seis días después de intervenir la CGT, el cadáver comenzó su largo y tortuoso peregrinar. Fue retirado el cuerpo de su mausoleo provisorio. Koening debió firmar un recibo al interventor en la CGT, Alberto Patrón Laplacette. El ataúd no pudo ser depositado en el entonces Arsenal Esteban de Luca y luego de tres días de loca carrera fue depositado en la sede del Servicio de Informaciones del Ejército, Callao y Viamonte. Fue ubicado en un cajón de embalajes frente a la puerta del despacho de Moore Koening que después pasó a formar parte del mobiliario de la habitación. Nadie, a excepción de las 7 personas que intervinieron en el operativo (entre ellas un llamado mayor Duarte, que en realidad era el mayor Arandía, que hacía las veces de chofer), supo lo que contenía ese cajón. Tampoco lo sabían el presidente Aramburu ni el vicepresidente, Isaac Rojas.
En marzo del año '57 el coronel Héctor Cabanillas se reintegró a su puesto en el SIE y ejecutó el O-E (Operativo Evasión). Salieron 3 ataúdes: uno a Bélgica, otro a Sudáfrica y otro hacia Alemania Occidental. Este último con los restos de Eva Perón.
El 18 de septiembre de 1957, cuando un féretro supuestamente correspondiente a María Maggi, viuda de Magistris, entró al cementerio Maggiori de Milán. Estos restos figuraban como repatriados por su hermano Carlos Maggi, y una religiosa de la congregación de San Pablo (Giuseppina Airoldi) fue la encargada de tramitar su sepultura. El ataúd fue colocado en la tumba delante de la religiosa y de un hombre que declaró ser pariente de la extinta y que debía volar a Buenos Aires apenas finalizada la ceremonia. Ese hombre habría sido el coronel Cabanillas, que así creía terminada su misión.
El 1º de septiembre de 1971 (presidencia de Lanusse) sale del Cementerio Maggiore de Milán el cuerpo de Evita, llevado por un grupo militar (Cabanillas entre ellos), para devolver el cadáver al Tte. Gral. Perón en Puerta de Hierro, Madrid.
El 3 de septiembre de 1971 Perón recibió el cuerpo en la quinta 17 de Octubre donde permaneció por su expresa disposición.
Pedro Ara supervisó el estado del cadáver que había sufrido algunos efectos de la humedad y el traslado. El dedo que se le había amputado en 1955 para comprobar su identidad se había desprendido en los tantos viajes que sufrió el cadáver.
Con el fin de la proscripción del Peronismo y la asunción de Perón como Presidente se pensó en repatriar los restos. La convulsión interna, el deterioro de la salud y posterior muerte de Perón imposibilitaron que se realizara en vida del esposo de Evita.
El ataúd de Evita llegó a la Base Militar de El Palomar el 17 de noviembre de 1974 (bajo el gobierno de Isabel) con un impresionante dispositivo de seguridad llevado a cabo por el Ministro de Bienestar Social José López Rega y miembros de la A.A.A.
Llevado a la quinta presidencial de Olivos, mantuvieron el cuerpo de Evita, junto con el de Perón, en una capilla ardiente sin que la Familia Duarte tuviera acceso.
Finalmente, el 22 de octubre de 1976, ya caído el gobierno peronista, la dictadura del Proceso de Reorganización Nacional dispone la restitución del cuerpo de Eva Perón a sus familiares. Así es trasladada definitivamente a la bóveda blindada de su hermana Elisa, casada con el mayor Alfredo Arrieta (luego senador) en el Cementerio de Recoleta, bajo estrictas normas de seguridad diseñadas por los mismos militares.


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