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Las relaciones y el poder

¿Qué aspectos no deberíamos negociar para tener una relación sana?
Hay un concepto muy sencillo: el de las relaciones horizontales y las verticales.
En las relaciones horizontales, el poder está equitativamente repartido.
A veces creemos que el poder no tiene que ver con las relaciones, pero sí: tiene todo que ver.
En una relación horizontal, el poder está equilibrado. Cuando las relaciones se vuelven verticales, ese equilibrio se rompe: una de las partes tiene más poder que la otra.
El poder tiene que ver con la capacidad de tomar decisiones y ejercer control, pero también con la responsabilidad.
Decía 
Roosevelt, el presidente norteamericano: todo gran poder conlleva una gran responsabilidad.
El poder conlleva responsabilidad. Responsabilidad de cuidar, de proveer.
En una relación horizontal, el poder está equitativamente repartido. Ambos pueden tomar decisiones, ambos tienen control, ambos cuidan y son cuidados, ambos proveen y son provistos. Eso sería una relación horizontal, sana.
Se vuelve vertical cuando ese equilibrio se rompe.
También hay relaciones verticales sanas. aplica a la relación entre un cuidador —por ejemplo, una mamá— y un bebé que es absolutamente vertical. La cuidadora, la mamá, tiene todo el poder y toda la responsabilidad: debe tomar decisiones, cuidar y proveer.
Y es sano que esto sea así. Cuando tenemos mamás o cuidadores que no respetan este orden, se convierte en parentalización. Obligamos a los niños a ser adultos antes de tiempo.
Históricamente, las relaciones verticales han sido la norma.
Si nos remontamos 12.000 años, a lo largo de este enorme lapso de tiempo, en muchas sociedades hemos tenido relaciones verticales.
Las personas eran consideradas diferentes en función de su estatus, género, edad...
En casi todas las sociedades, los reyes tenían más poder que los aristócratas, los aristócratas más que el pueblo, el clero tenía poder... Existía una estratificación. Las personas ocupaban posiciones diferentes y también tenían distinto poder, y la gente lo asumía.
Esto no ocurría solamente a nivel social, sino también en el ámbito íntimo y personal. Las relaciones de pareja estaban marcadas por el poder.
La división de género o las relaciones con los hijos no eran igualitarias.
A lo largo de nuestra historia, esa ha sido la relación normal hasta hace muy poco.
Pero eso ya ha volado por los aires. Nosotros somos la generación de la horizontalidad.
Hoy consideramos que todas las relaciones deberían ser horizontales.
Partimos de la idea de que todos somos iguales, por democracia. Y si somos iguales, la relación debería ser horizontal y sana.
Puedo ser jefe, pero eso no me da derecho a hablar mal o insultar a un empleado.
Todos estaríamos de acuerdo. Puede que la relación no sea horizontal en un momento determinado, pero nuestra relación de base debería serlo. Lo mismo ocurre con un juez o con un médico.
En las relaciones íntimas, en particular, esto adquiere una enorme importancia. No es posible una verdadera intimidad sin horizontalidad.
Para que exista una relación de intimidad, tú y yo tenemos que estar en un mismo plano de poder.
No necesariamente desempeñando las mismas funciones, pero sí compartiendo un mismo plano de poder, de manera que ambos estemos en esa relación porque queremos y porque permanecemos en ella libremente.
Incluso las relaciones con los hijos tienen que ser hoy más horizontales que hace años.
¿Qué sucede? Que no todos estamos preparados para las relaciones horizontales.
Porque las relaciones horizontales son difíciles, son complejas. Precisamente porque, si ambos tenemos el mismo poder, yo tengo menos poder y menos control sobre el otro.
Entonces, si voy a intimar, tengo que hacerlo con alguien que también puede hacerme mucho daño. Alguien con capacidad para tomar decisiones y que puede dejarme, abandonarme, traicionarme, reírse de mí... Pueden ocurrir tantas cosas...
Las relaciones horizontales dan pánico, y eso hace que muchas personas no estén dispuestas o no sean capaces de sostener esa horizontalidad.
Estas personas tienden a desequilibrar la relación.
Si no puedo tener horizontalidad, ¿qué hago? Intento verticalizarla.
¿Cómo puedo verticalizarla? Tenemos muchos recursos. El más evidente es volverse dominante y controlador.
Si existe dominancia y control, ya sabemos que la relación no es horizontal. Puedo volverme dominante y controlador de una manera sutil, ser más astuto, convertirme en quien toma las decisiones, pero al final... algo se quiebra.
El dominio puede ser muy sutil y también muy común.
Hay parejas que llevan años de relación y tienen hijos. Ambos eran personas liberales y, en determinado momento, ella había dejado de trabajar para cuidar a los niños. Los hijos crecieron y entonces ella desea volver a trabajar.
Llevaba un par de décadas sin trabajar y le surge la oportunidad de incorporarse a la empresa de una amiga, alguien de confianza. Una empresa pequeña, empezando apenas con tres o cuatro horas al día... El trabajo es ideal para reinsertarse.
Entonces ella, contentísima, va y se lo cuenta a su pareja.
La respuesta que recibe es desalentadora:
«¿Para qué te vas a meter en complicaciones? Con lo tranquila que estás en casa, sin problemas. Con lo que ha cambiado el mundo laboral... A ver si te metes y la empresa tiene un problema fiscal; a ver si pierdes una amiga y el trabajo».
En apariencia la está cuidando, la está protegiendo. Pero, en realidad, puede haber allí una incapacidad para estar en igualdad.
Los dominios pueden ser así: muy sutiles.
Los cuidados tienen que estar repartidos de igual manera.
Una relación sana tiene poder, control, decisiones y responsabilidad repartidos.
No debe haber miedo.
Si hay miedo —miedo a que te enfades, miedo a hacerlo mal, miedo a no estar a la altura—, esa relación no está funcionando bien.
Junto con el miedo aparece otra pregunta: ¿cómo me siento dentro de la relación?
¿Me siento relajado? ¿Me siento tranquilo? ¿Puedo ser yo mismo en esta relación? Cuando me ocurre algo malo, ¿se lo hablaría a mi pareja?
Si las respuestas son sí, la relación es sana. Si las respuestas son no, esa relación difícilmente tendrá un final feliz.
Pero no importa solamente cómo me siento. También importa cómo me comporto.
¿Nos seguimos riendo con naturalidad? ¿La pasamos bien juntos? ¿Queremos hacer cosas juntos porque nos divertimos? ¿O podemos preferir hacer algunas cosas por separado y respetar las actividades de nuestra pareja?
Porque una relación sana no es una relación de fusión.
Es una relación de interdependencia.
No nos fusionamos. Hacemos cosas juntos y cosas por separado, y podemos tolerarnos y respetarnos también en esa separación.

Lic. Tamara Le Gorlois

Patrones ocultos de las víctimas de narcisistas

El abuso del narcisista marca patrones de comportamiento en sus víctimas que se traslucen en las rutinas diarias. Éstas son algunas…

 

1 - Las víctimas de abuso narcisista tienden a dudar de lo que otras personas dicen.

2 - Muestran cara de póker en reuniones sociales.

3 - Limpian en exceso su entorno.

4 - Revisan dos veces si las puertas están cerradas con llave en casa.

5 - Prefieren comer o viajar solas.

6 - Tartamudean al contar sus historias de vida.

7 - Tienden a disculparse todo el tiempo.

8 - Evitan el contacto visual durante las conversaciones.

9 - Ansiedad: hiperventilan al intentar demostrar un punto.

10 - Minimizan los cumplidos.

11 - Pierden la líbido.

 

1 Las víctimas de abuso narcisista tienden a dudar de lo que otras personas dicen. Por ejemplo, si están en una relación y su pareja dice algo dulce, en lugar de tomarlo al pie de la letra, pueden preguntarse: "¿Es en serio o me están engañando?". Este hábito se forma porque han sido manipulados o criticados muchas veces antes. Es como un mecanismo de defensa que entra en acción para protegerlos de volver a ser lastimados. Las víctimas del abuso narcisista se vuelven muy sensibles a la posible manipulación, por lo que incluso cosas simples son cuestionadas. Les cuesta creer en los demás sin dudar de sus motivos.

 

2 Las víctimas de abuso narcisista muestran cara de póker en reuniones sociales. Es como usar una máscara para ocultar lo que sienten por dentro. Esto sucede porque han pasado por manipulación emocional y críticas, por lo que necesitan ocultar sus emociones ante los demás. No quieren mostrar vulnerabilidad ni insinuar lo que está sucediendo en su interior. Es como un mecanismo de supervivencia para protegerse de más daño emocional. Las víctimas del abuso narcisista aprenden a proteger sus emociones como un mecanismo de defensa para evitar ser lastimadas nuevamente.

 

3 Las víctimas de abuso narcisista limpian en exceso su entorno. Cuando alguien lidia con las críticas constantes y la necesidad de control de un narcisista puede sentir que no tiene control sobre su vida por lo que la limpieza se convierte en una forma de manejar ese caos. La víctima pudo haber enfrentado críticas diarias o sentirse como si caminara sobre cáscaras de huevo, por lo que, para recuperar un sentido de orden, limpia en exceso. Es una forma de encontrar paz en un mundo caótico. Incluso si significa pasar horas fregando la cocina u organizando las cosas meticulosamente, este comportamiento no se trata solo de limpieza sino de recuperar el control que se perdió durante la relación abusiva.

 

4 Las víctimas de abuso narcisista revisan dos veces si las puertas están cerradas con llave en casa. Pasa por la necesidad de sentirse seguros y en control. Este comportamiento a menudo proviene del trauma de sentirse invadido o inseguro durante el abuso.

Es una estrategia mental para calmar su ansiedad o miedo, como un pequeño ritual que realizan para tranquilizarse.

 

5 Las víctimas de abuso narcisista prefieren comer o viajar solas.

Es una forma de retomar el control y encontrar paz en su propia compañía. Hay deseo de pasar tiempo a solas como una forma de reclamar independencia. Tras pasar una relación donde el narcisista critica constantemente tus decisiones, incluso cosas simples como dónde comer o cómo planificar un viaje, ahora, fuera de esa situación tóxica, te sientes más a gusto yendo a restaurantes o explorando nuevos lugares. Este comportamiento ayuda a las víctimas a redescubrir sus preferencias y a recuperar su sentido de autonomía. Es como presionar el botón de reinicio de su libertad.

 

6 Las víctimas de abuso narcisista tartamudean al contar sus historias de vida. Es como si golpearan un bloqueo mental. Imagina tratar de contar una historia, pero las palabras no fluyen. Las palabras se quedan atascadas y tartamudean o tropiezan con las frases. Los expertos creen que este tartamudeo puede ser la forma en que el cerebro maneja las cosas difíciles. Es como un mecanismo de defensa que intenta ralentizar las cosas clasificar las emociones y protegernos de sentirnos abrumados. La mente intenta lidiar con todo el dolor y la confusión que están enredados en esas experiencias.

 

7 Las víctimas de abuso narcisista tienden a disculparse todo el tiempo. Tienden a disculparse en exceso por cosas pequeñas. Es como un reflejo automático que les queda después de haber sido hechas sentir culpables de todo por sus abusadores. Esa crítica constante afecta su sentido de responsabilidad dejándolos siempre en tensión, temiendo meterse en grandes problemas, incluso por pequeños errores, incluso por cosas que no hicieron. La terapia y el apoyo pueden ayudarlos a romper este ciclo y a reprogramar esa respuesta automática. Las víctimas deben darse cuenta de que ya no necesitan cargar con ese peso.

 

8 Las víctimas de abuso narcisista evitan el contacto visual durante las conversaciones. Puede ser algo común para las personas que han pasado por abuso narcisista. Imagina que cada vez que hablas te critican o te menosprecian, eso puede hacer que te sientas incómodo al mirar a alguien a los ojos mientras hablas. Esto proviene de sentirte constantemente menospreciado, es como un reflejo. El cerebro teme que el contacto visual pueda significar más dolor. Cuando intentas conversar, mirar a alguien a los ojos puede sentirse como abrirse a la crítica. Es un escudo contra el daño potencial.

 

9 Las víctimas de abuso narcisista hiperventilan al intentar demostrar un punto. Ansiedad. Probar un punto puede ser un desencadenante de estrés para las personas que han lidiado con abuso narcisista. Supón que estás en el trabajo presentando una idea frente a todos y de repente te pones nervioso y no puedes recuperar el aliento. Tu cuerpo entra en sobremarcha para respaldar tus palabras.

Esta hiperventilación a menudo proviene de cómo los abusadores constantemente los desestiman. Imagina sentir que lo que decías no importaba durante mucho tiempo. Eso afecta tu confianza verdad Entonces cuando intentan hacer un punto la ansiedad los golpea con fuerza, están luchando por ser comprendidos mientras lidian con todo ese historial en medio de una discusión.

 

10 Las víctimas de abuso narcisista minimizan los cumplidos. Aceptar cumplidos puede convertirse en navegar por un laberinto complicado.

La doctora Ramānī Durvāsulā, psicóloga clínica lo describe de esta manera: el abuso narcisista puede hacer que las víctimas sientan como si llevaran una camiseta que dice no me felicites, no soy lo suficientemente bueno. Así que cuando alguien les dice te ves genial hoy o hiciste un trabajo fantástico pueden responder rápidamente con un Oh, no fue nada. Evitan disfrutar de la positividad. Su mente tiene este escudo que los protege de sentirse vulnerables o expuestos por los cumplidos.


11 Pierden la líbido. Por un buen tiempo las víctimas no desean tener contacto social, mucho menos íntimo con otras personas. La experiencia nefasta le dejó claro que el narcisista usa el sexo y la intimidad como herramienta de anclaje. Es una de las formas más usadas para que su víctima quede enganchada energéticamente. 


Le llevará tiempo a la víctima del (o de la) narcisista sobreponerse a todo esto, pero como todo, con conocimiento y acción, todo se puede revertir.


Lic. Tamara Le Gorlois

🧠 Ejercicios para el Gimnasio del Cerebro

La salud mentad depende de una calidad de vida cuidada en todos los aspectos, desde lo nutricional, ejercicios físicos, calidad de sueño, buenas relaciones sociales...

Pero más allá de estos temas ya desarrollados en infinidad de notas, podcast y libros, hay ejercicios prácticos, simples, que podemos poner en acción todos los días. Esto permite crear redes neuronales que mantienen longevo nuestro cerero, inclusive, en mejor estado que nuestro cuerpo físico.  😲

Aquí algunos tips...


1        Reír frente al espejo durante un minuto al despertar

Aunque sea forzada, la risa estimula músculos faciales.

Genera endorfinas, mejora el estado de ánimo.

Deja un “rastro” de alegría en el rostro que contagia al entorno.

Mejora la interacción social y emocional durante el día.

 

2       Ejercicio con lapicera entre los dientes

Imitación de sonrisa muscular (aunque no rías).

Estimula la misma zona neural que una sonrisa natural.

Alternativa útil cuando cuesta reír de forma espontánea.

 

3       Meditación matutina con visualización positiva del día

Visualizá la culminación exitosa de tus tareas diarias.

Estás creando redes neuronales asociadas a esa experiencia imaginada.

Aumenta la confianza, reduce la ansiedad y mejora el rendimiento.

 

4       Meditación nocturna con resignificación de experiencias negativas

Reinterpretar conscientemente los hechos del día.

Transformar emociones negativas en aprendizajes o sabiduría emocional.

Evita que el metaconsciente procese negativamente lo ocurrido.

Mejora la calidad del sueño y el bienestar emocional al despertar.

 

5       Ejercicios de estimulación cuántica y perceptiva

Visualización para manifestar (cuántica aplicada)

Técnica: escribir objetivos concretos, en positivo.

Leerlos antes de dormir para influir desde el metaconsciente.

Crea dirección vibracional + emocional que afecta el entorno.

 

6       Ejercicio perceptivo con sentidos invertidos

Día 1: ver una película solo con audio (sin imagen).

Día 2: ver una película solo con imagen (sin sonido).

Fuerza a tu cerebro a captar información desde sentidos menos entrenados.

Mejora percepción, intuición y lectura no verbal (muy útil para relaciones humanas, ventas, liderazgo).

 

7       Entrenamiento para evitar el estrés crónico

Meditaciones diarias: una a la mañana + una a la noche.

Repetir por mínimo 3 meses para generar estado estable de “no estresabilidad”.

Esto descondiciona emocionalmente y previene enfermedades asociadas al estrés.

Permite tomar decisiones desde un estado cognitivo claro y elevado.

 

8       Claves de alto impacto cognitivo

Focalización atencional selectiva

Aprender a elegir qué percibir y qué ignorar (especialmente en redes sociales).

Todo lo que entra por percepción forma redes neuronales, ¡aún lo negativo!

Entrenarse para decidir en qué enfocar la energía.

 

9       Concentración profunda en un solo tema durante una hora

Duplica la cantidad de conexiones neuronales sobre ese tema.

Mejora la memoria, la comprensión, la capacidad de respuesta y la creatividad.

Muy efectivo para estudiantes, oradores, terapeutas, líderes y vendedores.

 

10   Escritura matutina en estado hipnagógico (semiinconsciente)

Justo al despertar, antes de lavarse la cara.

El metaconsciente sigue activo y fluye la creatividad sin filtro racional.

Ideal para escritura profunda, introspectiva, artística o reveladora.

Mejor momento para plasmar intuiciones, ideas, soluciones complejas.



Conceptos clave para profundizar

El metaconsciente (o subconsciente) funciona durante el sueño y es más poderoso que el consciente.

Las emociones no resueltas del día permean todo el cerebro durante la noche.

El corazón tiene estructuras neuronales, y su vibración emocional influye en el cerebro.

El intestino también se considera “tercer cerebro” (trilogía neuroemocional).

El entrenamiento de la percepción y la decisión atencional son claves para el bienestar mental en la era digital.

La cuántica aplicada a la mente permite explicar fenómenos como la manifestación, la sanación emocional, y los llamados “milagros”.

 


🌿 Recomendaciones complementarias

📘 Libros sugeridos:

·       Neurocuántica  (Dr. Néstor Braidot).

·       Los milagros de la mente  (Dr. Néstor Braidot).

·       El código de las mentes extraordinarias (Vishen Lakhiani)

·       Método Silva (José Silva)

 

Lic. Tamara Le Gorlois

Dinero & Felicidad


El profesor de economía de Harvard, Arthur Brooks, ha dedicado 25 años a investigar cómo las decisiones económicas afectan nuestra satisfacción y bienestar personal, y en particular, cómo la deuda impacta negativamente en la felicidad.


Concluye en que hay cinco maneras de usar el dinero:

1.    Comprar cosas

2.   Comprar experiencias

3.   Comprar tiempo

4.   Regalarlo

5.   Ahorrarlo


De estas formas, solo cuatro pueden traer felicidad, y una no: comprar cosas.

El problema es que nuestro cerebro nos impulsa a lo que no da felicidad: adquirir objetos.

 

Al reconocer que comprar cosas no nos da la felicidad que buscamos, podemos enfocarnos en otras maneras de usar nuestro dinero que sí contribuyen a nuestro bienestar, como comprar experiencias, tiempo, regalarlo o ahorrarlo.

 

1 - Comprar cosas

Contrariamente a lo que solemos pensar, las cosas no son permanentes, y las experiencias sí. Brooks explica que olvidaremos las cosas materiales, pero no las experiencias.

Irónicamente, tuvo una experiencia con su esposa cuando todavía pasaba complicaciones económicas. Discutió porque ella quería celebrar el primer aniversario de bodas pasando tres días en la playa, en cambio, él quería comprar un sofá. Pensaba que el sofá era una mejor inversión porque duraría para siempre. Discutieron, pero finalmente decidieron ir a la playa. Hoy recuerda esas vacaciones al detalle y ni siquiera recuerda el sofá que compraron más tarde.

 

2 - Comprar experiencias

Para Brooks, las experiencias con las personas que amas son cruciales y permanentes. Explica que la neurociencia muestra cómo almacenamos y reconstruimos esos recuerdos una y otra vez en diferentes contextos de nuestra vida, manteniendo su importancia y significado. Las experiencias pueden costar dinero, pero algunas, como caminar por el parque o la playa con alguien querido, pueden ser gratuitas. 


3 - Comprar tiempo

Otra forma de comprar felicidad, según Brooks, es comprar tiempo. Si no disfrutas de ciertas tareas como limpiar la casa y tienes algo de dinero extra, contrata a alguien que lo haga. No solo te da tiempo para actividades que disfrutas, sino que también crea empleo.

Invita a que no desperdiciemos el tiempo que hemos comprado en actividades sin sentido como pasar horas en Instagram; recomienda usar ese tiempo en actividades como leer un buen libro, caminar al aire libre o pasar tiempo con personas queridas.

 

4 - Regalar dinero

Arthur dice que debes dar algo a tu comunidad, algo que realmente te motive. Recibe muchas críticas por esto. Dice que el 10% del presupuesto debería destinarse a donaciones y las personas dicen que es una locura. Suena contradictorio, pero hay ciencia detrás de esto: dice que cuanto más das a la caridad, más rico te vuelves. Cuando das un dólar a la caridad, en promedio recibes alrededor de $1.60 de vuelta en los años siguientes. Al principio, pensaba que esto sería obra de Dios o del universo, pero trabajando con un psicólogo, confirmó que las personas que dan más dinero tienden a volverse más ricas. Esto se debe a que cuando regalas dinero, desarrollas habilidades de resolución de problemas y eficiencia porque te involucras más en encontrar soluciones y ayudar a los demás. Esto te hace más efectivo en general, lo que puede llevarte a tener más éxito y ganar más dinero.

 

5 - Ahorrar dinero

Por último, menciona que ahorrar dinero también compra felicidad.

Los seres humanos encuentran mucha alegría y autoestima en progresar hacia una meta. La anticipación de la recompensa es una de las mayores alegrías de la vida. No se encuentra tanta satisfacción en llegar a una meta como el progresar hacia ella.

Brooks ha encontrado que las personas son más felices cuando están a dieta porque la báscula baja. Vale la pena el sacrificio porque ven cómo baja la báscula les muestra a diario su progreso. Esa sensación es muy gratificante y activa la dopamina, que nos hace sentir la anticipación de la recompensa. De la misma manera hay algo especial en ese sacrificio de reducir los gastos y pagar las deudas con el método de la bola de nieve, que consiste en pagar primero el saldo más pequeño y luego enfocarse en las deudas más grandes para terminar disfrutando del ahorro y la inversión que da dividendos. Aprendiendo al mismo tiempo la diferencia entre la deuda “mala” (consumismo, gasto en cosas) y la deuda “buena” (inversión en activos que nos darán más dinero). Esto nos dice que la vida va a ser más segura, para nosotros y nuestros seres queridos, nos da felicidad.


Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=5M1wF448gME

Cómo detectar al narcisista

La manifestación del narcisista comienza con dos manipulaciones:

1 - Refuerzo intermitente

2 - Indiferencia

 

1 - Refuerzo intermitente

Sabemos que él o la narcisista (puede ser masculino o femenino) no establece una relación sentimental, sino utilitaria. Cuando elige a su presa (la pareja que deberá darle todo lo que considera que tiene que darle, sea amor, un techo, un auto, estabilidad económica, atención, sexo, prestigio social, etc.) procede a enamorarla con bombardeo amoroso (envuelve con relatos gentiles, donde se presenta como víctima de otras relaciones o crianza hasta enganchar emocionalmente a su víctima).

Una vez que convence a la otra persona que es la persona ideal para la relación comienza con el refuerzo intermitente, manipulaciones que se harán crónicas a lo largo de toda la relación.

 

El refuerzo intermitente consiste en entregar una recompensa de manera irregular, o sea, no de forma continua ni predecible.

En el laboratorio, si a cada presión de la palanca por parte de una rata se da lugar a una recompensa (comida), esto sería refuerzo continuo. Sin embargo, si se entrega solo algunas veces y de manera impredecible después de que la rata presiona la palanca, esto es refuerzo intermitente.

Son compensaciones que se dan en forma ocasional e imprevisible; por lo que pueden mantener al individuo indefinidamente esperanzado para la próxima recompensa.

En relaciones de pareja, el refuerzo intermitente es un tipo de maltrato psicológico y abuso emocional ejercido con intención dañina, generando confusión y dependencia emocional en la persona maltratada.

El refuerzo intermitente se define como un "tira y afloja", alternando situaciones agradables y desagradables. Hay una variación continua entre calidez y frialdad, entre amor y negligencia, generando un entorno constantemente impredecible para la víctima.

Es un maltrato silente, una expresión de violencia, un maltrato psicológico prolongado, que no tiene por qué ir relacionado con maltrato físico, por ende, podemos encontrar ambos tipos de maltrato. La violencia física suele surgir cuando la víctima se resiste a la violencia psicológica.

Es importante reconocer que en una relación saludable, es natural cierto nivel de inestabilidad, y estas diferencias se comunican asertivamente y se resuelven. Hay un equilibro sano entre dar y recibir, hay respeto propio y mutuo en la relación.

En la dinámica de las relaciones abusivas con refuerzo intermitente, estas inconsistencias son una estrategia de manipulación y abuso emocional intencionales que sirven para controlar y confundir a la víctima.

En los momentos favorables de la relación se experimenta bienestar, unión y reciprocidad; pero de repente y de forma ocasional e impredecible se da distanciamiento, falta de afecto y atención sin motivos aparentes para que esto ocurra; así cómo episodios de violencia verbal y/o ambiental. Esta conducta repetida (lo que se permite, se repite) puede causar dependencia emocional y adicción hacia la persona que a veces se ofrece con buen comportamiento, cariño y atención, negándolo otras veces, sin explicación, de forma fría y distante.

El refuerzo intermitente en las relaciones de maltrato y abuso es efectivo porque las "recompensas" se dan intermitentemente a la víctima durante todo el ciclo de abuso. Esas “recompensas” varían entre ser sentir que la relación vuelve a ser normal y no un infierno, o algún gesto mínimo de afecto, o un obsequio material, o muestras de remordimiento por parte de la persona abusadora. Así, la víctima vive inmersa en un agonizante y perverso círculo vicioso de esperanza y decepción que es muy difícil de romper.

Esto mantiene a la víctima en estado de anhelo de recibir afecto, cuidados y amor que se dan como migajas, en pequeñas dosis y de forma infrecuente, por lo que se adentra en un bucle frustrante, doloroso, desgarrador y emocionalmente agotador perdonando y olvidando constantemente las situaciones de abuso, aferrándose a la ilusión de que las cosas mejoren.

Da a la víctima la sensación de caminar sobre cáscaras de huevo donde vive en permanente estrés, esmerándose y reforzando los cuidados para no “generar” el castigo de la interrupción de amor o atención de parte del narcisista, dado que toda vez que esto ocurre, el narcisista se encarga de hacerle creer a la víctima que es su culpa.

En el refuerzo intermitente, de repente, de la nada, el narcisista desaparece, de repente ya no está. Se fue. Agarró sus cosas, o no se llevó nada, pero desaparece, hasta bromea en forma mordaz diciendo que fue abducido.

Lo que hace con esto es meter incertidumbre a la víctima. La víctima se pregunta ¿por qué no está? ¿qué le pasó? ¿hice algo malo? ¿será que se fue con alguien más? ¿va a volver? ¿no va a volver?, de tal forma que cuando regresa, que puede ser después de dos o tres días (o después de dos o tres meses en algunos casos), la víctima lo recibe con un ¡Ay! Por fin… ¿qué pasó? ¿por qué te fuiste? Y aquí viene la primera manipulación…: “Me fui porque sentí que tú no me querías de la misma forma que yo a ti”. “Me sentí abrumado porque no supe cómo manejar todo este amor”. Y entonces comienza el jueguito que se perpetuará a lo largo de toda la relación de echarle la responsabilidad o culpa a su pareja. Esto alimenta de manera perversa la sensación en la víctima de sentirse necesitada en el cuidado del narciso y de tener que reforzar los cuidados. ¿Y qué hace la víctima? Le afirma: “no mi amor, tú y yo vamos a estar bien, vas a ver…” y comienza aquí a esmerarse para complacer al narcisista.

 

2- Indiferencia

La manipulación puede también llevarse a cabo con la indiferencia, una de las peores violencias psicológicas. El narcisista está presente, pero de mal humor, con energía de rechazo, de desprecio: “no te tolero, no te soporto, sos insoportable”. Se la pasa mirando tele, o su celular, o hablando por teléfono o whats app a escondidas, se encierra horas en el baño, o vuelve a la casa a cualquier hora pretendiendo que la comida y el mundo esté tendido a sus pies, esperándole con marcial presencia.

Y la víctima se pregunta qué hizo mal… y se quiere acercar para hablar, para entender qué está pasando y solo recibe expresiones de rechazo: “déjame en paz”, y desaparece física y/o emocionalmente. Y regresa varios días después como si nada hubiera pasado. Y la víctima sigue preguntándose qué fue lo que pasó, y si hay respuestas son “mete-culpa”: “Estaba enojado porque parece que prefieres más a tus amigos o a tu familia que a mí”. “Quédate con ellos, si quieres yo me voy”, o “le das más importancia a tus cosas que a mí”, “no me respondiste el mensaje cuando te lo envié, no me quieres como yo a tí”…  Y entonces ¿cómo responde la víctima?: “No, mi amor tú eres lo más importante. Te prometo que la próxima vez no voy, tú no te preocupes”. Y ahí se profundiza todo este juego de manipulación.

La víctima lo que más quiere es crear el sueño anhelado, lo que él tanto prometió, pero nunca va a pasar, porque el narcisista no quiere cumplir sueños, solo quiere parasitar, abastecerse de todo cuanto se le antoje.

La víctima se frustra, se trauma, pasa a sentirse insuficiente. Todo lo que haga de ahí en más, nunca será suficiente para hacer feliz al narciso.

También juega el “gas lighting”: el narcisista inventa historias para meter presión y confundir a la víctima: “Estás coqueteando con alguien más”. Traslada a la víctima situaciones que el narcisista vive haciendo.

Inventa cosas, es experto en manipular para que la culpa y la confusión se convierta en una forma de vida para la víctima.

El sufrimiento se hace adictivo porque se generó en la víctima un permanente sentimiento de culpa por la disfunción de la relación; se crea una red neuronal con patrones de conducta disfuncionales y síntomas de abstinencia: dolores de cabeza, insomnio, pensamientos rumiantes, ganas de comer en forma compulsiva, ardor en la piel, ataques de pánico, sudor de frío, dolores corporales, falta de energía… El permanente estrés, literalmente modifica el cuerpo de la víctima: vive inflamada por el cortisol, aumenta de peso y sufre dolores y cansancio crónico.

 

En el origen del narcisista, un niño busca el afecto de papá y mamá, de las personas cercanas. Cuando quiere esa conexión emocional y no la está teniendo, sea porque papá y mamá se la pasan trabajando todo el día, o porque mamá es una mujer con dependencia emocional y porque papá es narcisista, o viceversa, se puede producir una desconexión afectiva, un abandono emocional. Todo lo que el niño deseaba y no tuvo, comienza a odiarlo. Es como cuando quieres algo mucho y no lo tienes y dices que ya no lo quieres. Se genera un corte emocional y ya está imposibilitado para sentir amor y gratitud. De ahí en más, su vida va a distinguirse solamente por aquello que les haga sentir bien.

Apegados al poder, los narcisistas pueden dominar masas. Son enfermos por el apego al poder.

A pesar de su voraz parasitismo, el narcisista no sabe recibir. Eso que le das con todo amor, tras agarrarlo, te dice nadie te lo pidió y lo tira. Entonces la víctima vive esa sensación de insuficiencia y un dolor tremendo que hasta puede terminar en un lupus, o un cáncer, o una artritis severa producto del estrés, y en el mejor de los casos, puede ser descartada por el narciso que comienza a ver que no le puede sacar mucho más a su víctima. Pero éstas son buenas noticias… es ahí cuando la víctima puede tomar consciencia de lo que está padeciendo y se plantea la supervivencia; el fin de la relación.


Lic. Tamara Le Gorlois