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Haya paz

La escultura de Eirene (Irene, Ειρήνη), diosa griega de la paz, sosteniendo en sus brazos al niño Ploutos (Pluto, Πλοῦτος), dios de la riqueza y la abundancia, constituye una poderosa alegoría: la Paz aparece como madre y protectora de la riqueza floreciente.
La obra que se conserva es una copia romana en mármol, de aproximadamente 201 cm de altura, realizada a partir de la célebre estatua creada por el escultor griego Cefisódoto el Viejo hacia el 370 a. C. para el Ágora de Atenas. La composición presenta a Eirene cuidando amorosamente al pequeño Ploutos y expresa una idea política y filosófica de enorme fuerza: la prosperidad, la riqueza, la abundancia solo puede crecer allí donde reina la paz.
La riqueza no aparece conquistada por la fuerza ni el poder, sino como un niño que nace, crece y necesita ser protegido por la Paz.
Resulta sugestivo que el actual nombre de la isla Santorini esté también vinculado con Irene. En la Antigüedad, la isla fue conocida como Strongýlē (Στρογγύλη, “la redonda”), Kallístē (Καλλίστη, “la más bella”) y Thēra (Θήρα). Siglos después, ya en época cristiana, una iglesia dedicada a Santa Irene —en griego, Agía Eiríni (Αγία Ειρήνη), literalmente “Santa Paz”— dio origen al nombre medieval de la isla. La denominación Santorini, aparece documentada desde mediados del siglo XII y se consolidó durante el dominio veneciano posterior a 1204, transformándose Santa Irini en Santorini.
De este modo, aunque no se trate de una continuidad directa con el culto pagano de la diosa Eirene, el nombre encierra una llamativa superposición simbólica: la antigua Εἰρήνη, personificación griega de la Paz, y la cristiana Αγία Ειρήνη, Santa Irene, comparten la misma palabra griega, εἰρήνη, “paz”.
La escultura que aparece en la foto se conserva en la Glyptothek —o Gliptoteca, museo o colección especializado en obras de escultura o en piedras finas grabadas y esculpidas— de Múnich, Alemania, el museo más antiguo de la ciudad, dedicado por completo a la escultura griega y romana.

Lic. Tamara Le Gorlois

Constructores del Arte Real

“No existe una doctrina masónica secreta; pero existe un arte secreto […]; es el arte de la edificación espiritual al que corresponde la arquitectura sagrada. Los instrumentos masónicos tienen pues un sentido figurado en la obra de la transmutación, y al secreto del arte real corresponde el secreto arquitectónico de los constructores de las grandes catedrales medievales. […] En la arquitectura antigua, especialmente en la arquitectura sagrada, las cuestiones de relación y proporción tenían una importancia capital; la arquitectura clásica reglaba la proporción de las diferentes partes de un edificio, y en particular de los templos, basándose en un módulo secreto al cual alude Vitruvio […] En cuanto a los constructores de la Edad Media, no les guiaban solamente unos criterios estéticos; se preocupaban de la orientación de la iglesia, del número de naves, etc.; el arte de los constructores estaba en relación con la ciencia de la geometría. La escuadra y el compás son los dos símbolos de oficio fundamentales en el arte masónico; y la regla y el compás los dos instrumentos fundamentales en la geometría elemental. […] los pitagóricos han creado la palabra Cosmos para indicar la belleza del universo en el que reconocían una unidad, un orden, una armonía, una proporción […]”.

Arturo Reghini: Los números sagrados en la tradición pitagórica masónica 


Wabi Sabi

Wabi Sabi es un principio filosófico zen japonés que reconoce belleza en lo imperfecto, lo antiguo y lo simple. 

Inspirándose en la naturaleza, la estética wabi sabi acepta los materiales naturales (piedra, arena, agua, madera), y lo artesanal, con su paso del tiempo, sus imperfecciones, sencillez, ingenuidad, asimetría, asperezas, rusticidad. 
Más allá de la inspiración que le brinda al minimalismo en el mundo entero, el wabi sabi hace un gran aporte a los verdaderos buscadores de le felicidad. 
De las tres patas principales de la felicidad (vivir simple, saber decir No y aceptar lo que no podemos cambiar), el wabi sabi hace una enorme contribución enseñándonos a aceptar que también podemos encontrar paz y armonía en lo simple e impermanente en sus diferentes etapas de los ciclos naturales. Prueba de ello es la admiración (enamoramiento) que nos produce tanto el rocío sobre el brote turgente, como la crujiente hoja otoñal. Si bien todo tiene su fugacidad, la naturaleza y la obra del artesano nos reconecta con nuestra propia Naturaleza, con nuestro Ser, lo eterno, la unión con lo divino, de lo cual nos hemos dispersado por seguir cánones más sofisticados y ambiciosos. Lejos de interpretarse esto como conformismo, la fuerza del concepto reside ser feliz viviendo el momento, siendo conscientes en espiritualidad, trabajando el desapego, no juzgando, aceptando las imperfecciones y errores, viendo esto en los demás, pero por sobre todo en nosotros mismos.

    Tamara Le Gorlois



Orden jónico


La gnómica es la poesía que bajo fórmulas mnemotécnicas comenzó a tratar temas profanos como sagrados. Se diferenció de la épica y la lírica por su gran contenido de enseñanzas eleusinas y es la poesía que tanto inspiró a sufíes, persas, hindúes, así como a Esquilo, Horacio, la Biblia, el Dante y Shakespeare, entre otros.
Esta poesía nació en el siglo VI a. C. en la colonia griega de Mileto (en la costa egea de Jonia, Asia Menor), y en esas mismas ágoras, esos poetas filósofos (Tales, Esopo, Jenófanes, Anaximandro, Anaxímenes,…) dejaron de atribuirle a dioses antropomórficos los fenómenos naturales –como era costumbre hasta entonces–, para comenzar a discernir los procesos naturales sobre métodos observables. Desarrollaron así la primerísima corriente filosófica científica.
A su vez, los autores de la patrística le atribuyen a los textos teológicos de Jenófanes (principal responsable de la fundación de esta escuela), la primera formulación sobre el monoteísmo entre los griegos.Esta conjugación de enseñanzas de la Tradición, complementadas con las enseñanzas materialistas-científicas trabajadas en Mileto, Jonia, hacen que el estilo arquitectónico jónico (caracterizados por sus volutas, imagen estilizada de papiros) nacido en estas costas, sea visto como símbolo del conocimiento o la verdadera sabiduría. 


Lic. Tamara Le Gorlois
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Sobre la Felicidad

Las estadísticas consideran a los daneses entre los más felices del mundo, dado que la retención del 60 por ciento del sueldo les garantiza una óptima “calidad de vida”, según los parámetros sociales occidentales.
Lo paradójico es que también tienen un altísimo índice de suicidios, y sabemos que los suicidios en general son desencadenados por algún tipo de exceso (exceso de drogas, de alcohol, de trabajo, de ocio, etc.) que predisponen a estados de melancolía y depresión.
Los dinamarqueses en particular tienen exceso de falta de luz solar –con lluvias casi todo el año y oscureciendo a las tres de la tarde–, así como exceso de confort alimentado por la creencia de que la felicidad se garantiza con “elementos externos” (vivienda, auto, sueldo, seguros sociales, etc.). Es tal el apego a estos elementos que termina siendo trágico cuando por alguna razón no logran adquirirlos o conservarlos.
Deberíamos ser concientes y no confundir “bienestar” con “felicidad”, y “estar felices” (algo vivido en el momento, por lo tanto temporario, transitorio) con “ser felices” (algo de nuestra esencia, algo incorporado a nuestro ser).
Meik Wiking, director del Instituto de Investigación de la Felicidad en Copenhague, analiza el fenómeno dinamarqués en su best seller “La felicidad en las pequeñas cosas”, alegando que la felicidad dinamarquesa va de la mano con la práctica del hygge (pronúnciese hoo-ga).
El término “hygge” sintetiza el sentirse bien en un hogar cómodo, calmo, de vida ralentizada, casi un santuario; un ámbito cuyos objetos, luces y música, sedantes y placenteros, propician la intimidad y calidez.
El hygge propone, lejos de obsesionarse por las modas, optar por un vestuario cómodo –por qué no de pijamas y pantuflas–; dejando los zapatos en la entrada, y prefiriendo los baños de inmersión.
Se da lugar a un ambiente minimalista, de pocos elementos “wabi sabi” (objetos simples, antiguos y/o imperfectos de belleza propia), incluyendo plantas naturales, cuidando la calefacción y/o ventilación en su justa medida, y, de ser posible, disfrutando también de algún fuego a leña.
Se priorizan los elementos de significado emocional, evitando los sintéticos, apostando a texturas naturales, como la madera, piedra, lana, telas; la luz natural durante el día y la buena luz artificial de noche en los ámbitos de trabajo y lectura, así como la luz difusa o a vela en lugares de encuentro social o descanso.
Se propicia la reunión con amigos y/o vida amorosa, en un marco de diálogo, risa, contacto físico, disfrute de películas, manualidades, juegos de ajedrez –de mesa en general–; saboreando alimentos y bebidas ricos y sanos, tal como es la alimentación ayurveda (de ingestas justas y equilibradas acompañadas por algún té de preferencia), sin excluir por ello el disfrute de un buen café y chocolate.
Puede parecer una obviedad burguesa pensar en una vida sibarita o de necesidades materiales cubiertas (aunque hasta las tradiciones orientales no descuidan este punto), cuando el Estado asegura las necesidades básicas y no hay que preocuparse por la inflación, el desempleo o la inseguridad.
Pero en realidad, la felicidad implica algo más profundo, tal como reconocer, aceptar y dominar nuestras luces y sombras, las dualidades que entran en conflicto cuando pretendemos posesionarnos de un lado u otro. Incorporando a la vida diaria la meditación, nos iremos despojando estas parcialidades y nos iremos conectando con el Todo (propiciando a la vez la armonía y el dominio de las emociones).
Así, podemos afirmar que el “hygge” danés no hace más que acompañar uno de los tres pilares de la felicidad: el de vivir simple; siendo los otros dos saber decir no (sobre todo cuando se nos induce a tomar acciones no deseadas) y saber aceptar las cosas y hechos tal cual se manifiestan.

Lic. Tamara Le Gorlois



Quién es quién en el cuadro La Escuela de Atenas de Rafael Sanzio (1509)


1: Zenón de Citio o Zenón de Elea – 2: Epicuro – 3: Federico II Gonzaga – 4: Boecio o Anaximandro o Empédocles – 5: Averroes – 6: Pitágoras – 7: Alcibíades o Alejandro Magno – 8: Antístenes o Jenofonte – 9: Hipatia (pintada como Margherita o el joven Francesco Maria della Rovere) – 10: Esquines o Jenofonte – 11: Parménides – 12: Sócrates – 13: Heráclito (pintado como Miguel Ángel) – 14: Platón sosteniendo el Timeo (pintado como Leonardo da Vinci) – 15: Aristóteles sosteniendo la Ética – 16: Diógenes de Sinope – 17: Plotino – 18: Euclides o Arquímedes junto a un grupo de estudiantes (pintado como Bramante) – 19: Estrabón o Zoroastro? – 20: Claudio Ptolomeo – R: Apeles como Rafael – 21: Protógenes como El Sodoma



En el 2012, por primera vez, un capolavoro de Rafael llegó a la Argentina junto a otras 46 obras de maestros del Renacimiento italiano que fueron expuestas en el Museo Nacional de Arte Decorativo de Buenos Aires. La buena nueva fue anunciada tras inaugurarse en el Vaticano "Meraviglie delle Marche" (Maravillas de Las Marcas), muestra que luego fue llevada a Buenos Aires. En el sugestivo espacio del Braccio di Carlo Magno, en la espléndida columnata de Bernini que rodea la Basílica de San Pedro, en "Meraviglie delle Marche" se exhibieron extraordinarios trabajos de artistas que marcaron la historia del arte como Rafael (Raffaello Sanzio, 1483-1520), Carlo Crivelli, Lorenzo Lotto, Sebastiano del Piombo, Guido Reni, Guercino (Giovan Francesco Barbieri), Rubens y Tiziano. Junto a pinturas de estos grandes maestros, también pueden admirarse " capolavori " de artistas menos conocidos, pero no menos sorprendentes, entre los cuales Andrea Lilli, Francesco Podesti y Girolamo Denti, entre otros. Son obras del 1300 al 1900 que comenzaron a itinerar a partir del cierre por reformas de la Pinacoteca de Ancona, la ciudad capital de la región de Las Marcas, en el centro de Italia. En lugar de guardar durante meses las obras en un oscuro depósito se prefirió mostrarlas al mundo, junto a obras de otros quince museos de la región, llevándolas primero al Vaticano -meta de millones de turistas- y después, a la Argentina. (sigue)

Wu wei, "hacer sin hacer"

"Cuanto menor era mi participación efectiva en el ambiente, mayor era mi dominio sobre él".
Ernst Jünger, "Eumeswil"

Wu wei ("No Acción" en chino) describe un importante aspecto de la filosofía taoísta en el cual la forma más adecuada de gobernar es no actuar (no forzar), entendiéndose que no es lo mismo no actuar que no hacer nada.
Wu wei significa "sin esfuerzo" y "crecimiento": las plantas crecen por wu wei, o sea que no se esfuerzan para crecer, simplemente lo hacen.
El taoísmo afirma que el universo ya funciona armoniosamente según sus propios principios; cuando el hombre impone su volición, altera la armonía ya existente. Esto no significa que las personas deban renunciar a su voluntad. Más bien, se trata de fluir sin influir, de vivir sin interrumpir y de favorecer sin impedir.

Tao significa “sendero” (hace referencia al sendero espiritual, a la vida espiritual). Cuando se vive en perfecta armonía con el Tao, no se malgasta energía, ni se hacen cosas que deterioran el cuerpo o el espíritu. Según el gran filósofo taoísta Zhuangzi, con el Wu wei  y el tao se logra inmortalidad, un estado de Ming o "clarividencia" (similar al éxtasis en la mística cristiana, al nirvana budista, o a cualquier otro tipo de iluminación espiritual).

El Tao Te Ching de Lao-Tsé, considera la "acción decreciente" o "voluntad menguante", como los aspectos clave en el éxito del sabio.

En Alicia en el País de las Maravillas, la Reina de Corazones coleriza cada vez que alguien osa contrariarla. Esta reina simboliza la Madre Naturaleza, y su reacción es la fuerza de la naturaleza que se  manifiesta tras avasallar el hombre con su ego depredador talando árboles en forma indiscriminada, colapsando y desertificando la tierra con monocultivos, fumigando con tantos agroquímicos, etc. La consecuencia de este “hacer” del hombre cuando en realidad debería “no hacer” –debería dejar que la naturaleza siga evolucionando en la forma más natural posible–, son los cambios climáticos, inundaciones, recalentamiento global, aludes, extinción de especies, y tantos desastres (la ira de la Reina de Corazones) que creemos “naturales”, cuando en realidad son consecuencia directa del hacer indiscriminado del hombre.

En la pintura del budismo Zen el Wu wei se simboliza con un círculo (Ensō), y al trazarlo no cabe la posibilidad de corrección, ya que aparte de ser meditativo, muestra el movimiento expresivo del espíritu en un tiempo dado. El Ensō simboliza la iluminación, la fuerza, la elegancia, el universo y el vacío (mu); la propia estética japonesa y el momento en que la mente es libre para simplemente dejar que el cuerpo o espíritu se ponga a crear. Momento sagrado de “no hacer” que religa al hombre con la divinidad.

 Lic. Tamara Le Gorlois
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Cínico


Obra: Diógenes el Cínico en su tinaja. Óleo de Jean-Léon Gérôme (1860)

Se llama cínico al sujeto desvergonzado o procaz, pero también es como se conoce cierta escuela filosófica que nació de la división de los discípulos de Sócrates (de la cual fue fundador Antístenes), y Diógenes, su más destacado representante. 
Como cultores de un riguroso ascetismo, los adeptos a esta escuela nada tenían de cínicos en el sentido moderno del término. Los discípulos de Antístenes desdeñaban el lujo y las riquezas, daban gran valor al conocimiento y a la formación intelectual, y se burlaban "como perros" –según la expresión de su época– de la gente común, de la mediocridad y de las aspiraciones mundanas. La expresión "burlarse como perros" surgió del contacto doméstico con las hienas, similares a primera vista a perros de gran tamaño, que se caracterizan por su aparente risa burlona.
Las hienas, nativas de África y Asia, fueron históricamente domesticadas en sus regiones de origen, siendo una costumbre ya arraigada en las antiguas ágoras egipcias, y que, repitiéndose en forma particular entre bohemios, filósofos y artistas, llegó a verse en centros intelectuales y artísticos europeos, inclusive en la actualidad.
Así es que la palabra cínico tiene origen en el griego, kyon, que significa 'perro', y de donde deriva la voz española "can", que dio su nombre a las Islas Canarias (canario). A partir de kyon, se formó la palabra griega kynikós 'los que se mofan como perros', que luego daría lugar al vocablo latino cinicus, llegando al español con el sentido de 'burlón'.

Lic. Tamara Le Gorlois