Monumento y vida masónica del general Manuel Belgrano



Por Lic. Tamara Le Gorlois


 “Su caballo no tenía más lujo que un gran mandil de paño azul, sin galón alguno, que cubría la silla, y que estaba cansado de verlo usar en Buenos Aires a todos los jefes de caballería.”

José Celedonio Balbín


El general Manuel Belgrano falleció el 20 de junio de 1820, en medio de un caos político ("el día de los tres gobernadores”) que le restó sonoridad a sus exequias.

Para rendirle pleitesía, en 1870, se nombró una comisión masónica integrada por el general Bartolomé Mitre, Manuel José Guerrico y el general Enrique Martínez, encargada de erigir un monumento ecuestre en la Plaza 25 de Mayo (hoy Plaza de Mayo), que estaba separada de la plaza Victoria por la Recova.
Albert-Ernest Carrier-Belleuse realizó la figura del prócer, quien a su vez confió al argentino Santa Coloma la realización del caballo. Santa Coloma fue el primer argentino en nacer en una delegación diplomática nacional en el extranjero: nació en Burdeos, Francia, cuando su padre se desempeñaba, designado por Bernardino Rivadavia, como Primer Cónsul General de la República.

A su vez, la escultura del caballo se convirtió en el primer monumento realizado por un escultor argentino. El caballo no se parece al criollo que montaba Belgrano, pues al no haber estado nunca Santa Coloma en la Argentina (la Enciclopedia de Arte de Francia lo considera un escultor francés), no conoció los caballos argentinos.
Siempre se criticó que el conjunto es muy chato y que el caballo es un petiso; y que difícilmente hubiera podido el prócer haber ido muy lejos con esa cabalgadura. La obra se terminó en 1872 y el 19 de febrero de 1873, don Manuel José Guerrico informaba desde París que los 23 cajones que contenían la verja de hierro y demás accesorios, serían enviados desde El Havre por la compañía de navegación a vapor Chargeurs Reunis S.A. sin costo alguno. La inauguración tuvo lugar el 24 de septiembre de 1873 (sexagésimo primer aniversario de la Batalla de Tucumán), ante la presencia del presidente Sarmiento y el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Mariano Acosta. Irónicamente Sarmiento había señalado años antes al tío del escultor, Martín de Santa Coloma, al general Justo José de Urquiza para que sea degollado en Caseros.
Según las crónicas de la época, 20.000 personas se establecieron en la plaza, azoteas y balcones contiguos, como no se veía desde hace mucho tiempo. Estuvo presente el gobierno, clero, ejército, marina, comercio, banca, colegios, representaciones extranjeras; y esa noche se cantó el Himno Nacional Argentino en el Teatro Colón. En su discurso, el general Mitre afirmó que "...la estatua fue erigida por gratitud pública bajo el auspicio del gobierno de Buenos Aires y con el concurso del gobierno Nacional; el óbolo del pueblo...". El bronce representa (inspirado en una pintura de la época) a Manuel Belgrano girando sobre su cabalgadura hacia la bandera (que sostiene con su mano derecha), dirigiendo la vista hacia el cielo.
El intendente Marcelo Torcuato de Alvear (también masón) consideró que el basamento era demasiado bajo para la importancia del monumento, por lo que decidió elevarlo sobre un gran pedestal de granito rosa de Salto pulido, lo cual no facilita la valoración de pequeños detalles finamente resueltos, como la montura del caballo.

Apelando a la verdad histórica este es un hecho que no debería preocupar, después de todo, José Celedonio Balbín, gran amigo de Belgrano (y el proveedor más importante del Ejército del Norte), le escribíría a Bartolomé Mitre: “Su caballo no tenía más lujo que un gran mandil de paño azul, sin galón alguno, que cubría la silla, y que estaba cansado de verlo usar en Buenos Aires a todos los jefes de caballería.”El pedestal se realizó en Génova, y llegó a Buenos Aires en 1885.
En esta ocasión se aprovechó para cambiar la orientación de la estatua, ya que se consideraba ofensivo que caballo estuviera dirigido hacia el oeste, orientando la cola del equino hacia la Casa de Gobierno.
También al principio, como era costumbre, el monumento estuvo rodeado por una verja de hierro que a principios de siglo se cambió por otra de hierro y bronce de líneas afrancesadas.

Vida masónica 


A finales del siglo XVIII, Manuel Belgrano (1770-1820) se inicia en la Logia Independencia (en Buenos Aires) y forma parte de la "Sociedad de los Siete". En el Ejército del Norte bajo su mando, preside otra Logia, ocupando también la Veneratura de la Logia Argentina de la ciudad de Tucumán, luego llamada Logia Unidad Argentina.
Estudia en España (en la Universidad de Salamanca, un aula lleva su nombre) siendo nombrado en 1794 secretario del Consulado. De regreso a Buenos Aires, emprende obras progresistas: crea las Escuelas de Comercio, de Náutica y de Dibujo, encontrando gran resistencia pese a ponerlas bajo la advocación de diversos santos.
Tras estar presente en las acciones prerrevolucionarias, participa activamente en la Revolución de Mayo de 1810.
Deviene en Vocal de la Primera Junta de Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y lidera el ejército, llevando la revolución al interior del país hasta el Paraguay y el Alto Perú. El 27 de febrero de 1812, enarbola nuestro pabellón nacional por primera vez. Logra en Tucumán la primera victoria patria (el 24 de septiembre de 1812) y luego la de Salta el 20 de febrero de 1813; tras las victorias es nombrado general.
Por las posteriores derrotas de Vilcapugio y Ayohuma es reemplazado por José de San Martín. Enviado a Europa en misión diplomática junto a Rivadavia, regresa en febrero de 1816. San Martín y él son los que más bregan para que el Congreso de Tucumán de 1816, declarara la Independencia.
Años más tarde, su amigo José Balbín quien siempre le asiste monetariamente en sus momentos de apremio, le presta 2000 pesos para que pudiera regresar a Buenos Aires (en 1819) tras haber viajado a Tucumán para conocer a su hija, falleciendo al año siguiente.  


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2 comentarios:

  1. Brillante, me encantó
    gracias por dar luz a nuestra historia

    Beatriz Roffo

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  2. Coincido con Beatriz, es un excelente trabajo.

    Rodolfo Macri

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