Tamara Le Gorlois, Licenciada y Guía en Turismo. Alojamiento turístico en Villa la Angostura (alquileres turísticos, cabañas, departamentos y hosterías). Más de 30 años de experiencia en Turismo Receptivo. Maestra de Ceremonias. Especialista en patrimonio masónico y simbología. Facebook: Tours Masónicos y Simbología. Instagram: @legorloistamara tamaralegorlois@gmail.com Facebook: Tamara Le Gorlois
Entendiendo nuestras ondas cerebrales: Delta, Theta, Alfa, Beta y Gamma
Elevando nuestra frecuencia vibratoria
Los pequeños descansos ayudan al cerebro a aprender cosas nuevas
Se tenía entendido que para aprender algo nuevo, había que practicar y practicar hasta la perfección.
Pero estudios recientes informan que cerebro necesita descansos para consolidar el conocimiento recién adquirido, transformándolo de un recuerdo transitorio a un recuerdo duradero en menor tiempo.
El cerebro usa estos descansos para realizar una «repetición» mental ultra rápida de lo que acaba de aprender (una versión 50 veces más rápida de los movimientos utilizados), repitiendo una y otra vez, reforzando esa nueva conexión neuronal, su memoria y nueva habilidad.
Lo hemos visto al aprender a meditar... es aconsejable, cuando aprendemos algo nuevo, evitar practicar hasta el agotamiento, hasta el hartazgo, lo cual predispone al abandono de la nueva práctica. En cambio, es preferible tomar descansos o pausas.
Esto se aplica a nuevos movimientos, diminutos y repetitivos, de deportistas o músicos, así como a aficionados a aprender temas nuevos.
Inclusive es aplicable y efectivo en pacientes que hacen ejercicios de recuperación, después de haber sufrido un accidente motriz o cerebrovascular, durante una terapia ocupacional o durante una técnica de neuroestimulación o neuromodulación.
Se logra, con estos descansos, que la rehabilitación produzca resultados más rápidos.
La investigación realizada por Leonardo Claudino y otros investigadores, liderados por la científica Marlene Bönstrup del NIH, registraron la actividad cerebral de 33 voluntarios diestros mientras aprendían a escribir una secuencia de números con la mano izquierda en el teclado.
Los voluntarios tenían que escribir tantas secuencias como fuera posible durante diez segundos y luego tomar un descanso de diez segundos.
Ya se había observado en estudios anteriores que, tras breves intervalos, los voluntarios mejoraban la velocidad y precisión al teclear nuevas secuencias numéricas.
Pruebas de magnetoencefalografía demostraron que las rápidas «repeticiones» que el cerebro hace de lo que acaba de aprender (una habilidad de dos segundos se repite en el cerebro en la escala de milisegundos), produce la consolidación del aprendizaje en una escala de tiempo mucho más rápida de lo que se creía.
En la práctica, esto implica transferir la memoria desde el hipocampo, donde se guardan los registros temporales, a áreas del neocórtex, donde se encuentra la memoria más duradera.
Se creía que solo durante el sueño, cuando el cerebro está más libre de estímulos sensoriales externos, se producía este proceso de consolidación.
Ahora entendemos que los recuerdos también se consolidan casi simultáneamente con la práctica.
Se recomienda, entonces, en vez de practicar hasta el agotamiento, hacerlo diez veces, por ejemplo, luego tomar un descanso y luego repetir la secuencia.
Esta técnica, obviamente, también es aconsejable aplicar en las prácticas pedagógicas en las escuelas o universidades, incluyendo estos descansos.
Todavía no se sabe con certeza la duración ideal de un descanso para la consolidación óptima de los nuevos aprendizajes. En los estudios controlados en laboratorio, se tomó como parámetro, diez minutos de práctica y diez minutos de descanso.
«Es importante que el estudiante tenga estos períodos de descanso, porque su cerebro estará activo, a pesar del descanso, este es nuestro descubrimiento. Su hipocampo y su corteza estarán realizando estos intercambios, que consolidarán el aprendizaje reciente», afirma Leonardo Claudino.
La investigadora en psicología cognitiva Barbara Oakley, en su libro «Aprender a aprender», explica que el cerebro funciona de dos maneras diferentes, que se complementan en el aprendizaje: uno es el modo enfocado (cuando estamos prestando atención a un ejercicio, una clase, una disertación, etc.) y el modo difuso (cuando el cerebro está relajado).
Según Oakley, el cerebro necesita cambiar entre el modo enfocado y el difuso para aprender de manera efectiva.
Relajar la mente, ya sea dando un paseo o cambiando de actividad, ayuda directamente a mejorar el aprendizaje y la resolución de problemas.
«Cuando estás atascado en una tarea de matemáticas, lo mejor que puedes hacer es cambiar el enfoque y estudiar algo de geografía. De esa manera, podrás salir adelante cuando vuelvas a las matemáticas», sugiere Oakley.
Queda claro con esto que, incluso durante el descanso, el cerebro nunca deja de aprender.
Cómo estudiar desde los audiolibros o podcast
Hacks para estudiar en forma inteligente – Resumen en 6 pasos
🔹 1. Truco de la expectativa contra la Ley de Parkinson
-
Establecé sesiones cortas de estudio (20 a 30 minutos).
-
El cerebro deja de resistirse al ver que es un compromiso breve.
-
Muchas veces, una vez que empezás… ¡seguís más tiempo!
-
Tip: Anotá exactamente qué vas a estudiar en ese bloque (ej.: “IA, Aminoácidos... lo que sea”).
¿Qué dice la Ley de Parkinson?
"El trabajo
se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine."
Cyril Northcote
Parkinson, historiador y ensayista británico, formuló que, si tenés mucho
tiempo para hacer algo, vas a tardar mucho más, aunque la tarea no lo requiera.
Tu mente se
relaja, se dispersa, se distrae, y la tarea se alarga innecesariamente. No
porque sea compleja, sino porque te diste demasiado margen para hacerla.
Ejemplo: Si decís,
"Tengo toda la tarde para escribir un párrafo", seguramente te tomarás
toda la tarde, con mil pausas, bloqueos creativos y vueltas innecesarias.
Pero si decís: "Tengo 20 minutos para escribir esto". Te enfocarás de manera eficiente.
🔹 2. Regla 80/20 (Principio de Pareto)
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El 20% del contenido genera el 80% de los resultados.
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Enfocate en lo más preguntado en exámenes o la idea principal.
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Pregúntate qué temas son clave.
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No pierdas tiempo en lo que ya sabés o en detalles irrelevantes.
🔹 3. Estudio con temporizador (Técnica Pomodoro)
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Estudiá 30 minutos como si tuvieras una emergencia.
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Después, tomá 5 minutos de descanso sin culpa o hacer snacks de ejercicios.
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Repetí el ciclo 3 o 4 veces.
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Ayuda a evitar el agotamiento mental y mejora el enfoque.
🔹 4. Enseñar para aprender (Método Feynman / Einstein)
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Explicá lo aprendido como si se lo contaras a un niño de 5 años.
-
Si te trabás, volvé a estudiar ese punto y simplificalo aún más.
-
Explicar obliga al cerebro a procesar profundamente la información.
-
Hacelo en voz alta o por escrito.
🔹 5. Autoevaluación activa
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En lugar de releer pasivamente, cerrá el libro e intentá recordar.
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Escribí lo que recuerdes sin mirar los apuntes.
-
Usá tarjetas de memoria (flashcards) para ponerte a prueba.
-
Este método está científicamente probado para fijar mejor el contenido.
🔹 6. Dormir y moverte (aliados invisibles del estudio)
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Dormí 7 a 8 horas para consolidar lo aprendido.
-
El cerebro fija el conocimiento durante el sueño, no mientras estás despierto.
-
Hacer ejercicio (aunque sea una caminata breve) mejora la memoria y concentración.
✅ Resumen final: tu fórmula para estudiar mejor
✔️ Estudiá en sesiones cortas de 20-30 minutos.
✔️ Aplicá la regla 80/20 para enfocar tu energía.
✔️ Usá temporizadores para mantenerte presente y concentrado.
✔️ Explicá lo aprendido para reforzarlo.
✔️ Practicá con autoevaluación activa.
✔️ Dormí bien y mové el cuerpo para potenciar el cerebro.
Neurosalud: beneficios de viajar
Podemos elegir ser turistas o viajeros; correr o detenernos... Cualquiera sea la opción, es inevitable el impacto que se produce en nuestras vidas y forma de ver el mundo.
Muchos
especialistas hablan sobre el gran impacto que en la salud mental tienen los
viajes. Por solo nombrar algunos, podemos hacer referencia a la doctora
Patricia O’Donnell (psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica
Argentina –APA–); el doctor Claudio G. Waisburg (médico y neurocientífico,
director del Instituto SOMA y ex jefe de Neurología Infantojuvenil de INECO y
del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro); Adam Galinsky (profesor
de la Columbia Business School, autor de numerosos estudios sobre la conexión
entre la creatividad y los viajes internacionales); y el renombrado Profesor
William W. Maddux.
Todos nos ofrecen
una reveladora perspectiva: viajar por el mundo no solo es una experiencia
emocionante, sino un catalizador para expandir nuestra mente y creatividad.
Cada nuevo destino representa un desafío que nos obliga a repensar nuestras
formas de ver el mundo. Esta capacidad de adaptación mental, esta flexibilidad
cognitiva, se fortalece con cada aventura que emprendemos.
Al entrar en
contacto con culturas distintas, no solo nos enfrentamos a situaciones inesperadas,
sino que también aprendemos a comunicarnos de maneras diferentes y a comprender
costumbres ajenas. Este ejercicio constante de adaptación mental agudiza
nuestra capacidad para aprender y mejora nuestra habilidad para encontrar
soluciones creativas ante cualquier desafío. Enfrentar lo desconocido nos
permite descubrir talentos ocultos, recursos internos y fortalezas que
enriquecen nuestra inteligencia emocional y fortalecen la confianza en nosotros
mismos.
Las vivencias en
el extranjero no solo promueven la flexibilidad mental, sino que también
profundizan y entrelazan nuestra manera de pensar.
Los viajes
encierran una dualidad fascinante: por un lado, ofrecen disfrute y placer; por
otro, nos empujan fuera de nuestra zona de seguridad, provocando cambios
profundos en nuestro interior. Viajar también tiene un impacto positivo en la
salud mental y emocional: estimula la producción de endorfinas, nos vuelve más
audaces y despierta nuestra capacidad de asombro. Cada recorrido ofrece una
pausa de la rutina y se convierte en una oportunidad para reencontrarnos con
nosotros mismos.
Al emprender un
viaje, nos alejamos de lo cotidiano e ingresamos en un tiempo distinto, como si
fuese un juego con reglas propias, con un inicio y un final definidos. Es una especie
de rito de paso que nos coloca en una fase de transición que puede
transformarnos.
Los beneficios de
viajar no se limitan a la relajación. Se estimula el pensamiento lateral, se
despierta la curiosidad, se aviva el deseo de saber. Lo nuevo —y también lo
inédito que podemos encontrar dentro de lo familiar— tiene el poder de
cautivarnos. Viajar como exploración nos adentra en territorios desconocidos, y
en ese recorrido, casi inevitablemente, se inicia un viaje hacia nuestro mundo
interior. Por eso, viajar significa descubrir tanto el mundo exterior como las
profundidades de uno mismo, y también reavivar la pasión por aprender y
comprender.
Estas vivencias
dejan una huella profunda en el cerebro. La experiencia se graba intensamente
en nuestra memoria y contribuye al aumento de conexiones neuronales, gracias a
la motivación que despierta y los cambios que promueve. El psicoanalista
Sigmund Freud, por ejemplo, contempló la escultura de Moisés durante un viaje a
Roma, y una década más tarde escribió un ensayo brillante sobre esta obra de
Miguel Ángel. Así, cualquier persona que se abra a la sorpresa de un viaje
puede encontrar dentro de sí una creatividad inesperada.
El arte, los
paisajes naturales, o un encuentro humano profundo pueden provocar un
movimiento interior que nos lleva a una experiencia transformadora. Cada viaje
es distinto según la personalidad de quien lo emprende, su disposición
emocional, su curiosidad, su flexibilidad y capacidad de entrega.
¿Por qué viajar nos hace bien?
Favorece el
autoconocimiento
Salir de la
rutina y disponer de más tiempo propicia un contacto más profundo con uno
mismo. Es una oportunidad para hacernos preguntas significativas: ¿por qué
elegimos cierto destino? ¿Qué emociones despierta? Al dejarnos tocar por esas
preguntas, podemos descubrir qué nos inspira, qué nos moviliza, y así abrir un
proceso interior activado por la intensidad del momento. Una mirada
contemplativa puede marcar el inicio de un nuevo camino interno.
Reduce el estrés
Viajar reduce los
niveles de estrés, eleva la producción de endorfinas y activa los circuitos
cerebrales del placer. Estos efectos se reflejan en un aumento de las
conexiones neuronales. El cerebro aprende mejor cuando se encuentra motivado, y
viajar, cuando implica una inmersión real en la cultura y la vida local,
desafía al cerebro y lo estimula. Hablar el idioma del lugar, por ejemplo,
tiene un efecto profundo y positivo en nuestras redes neuronales.
Estimula la
creatividad
Artistas,
escritores y científicos han compartido cómo los viajes pueden romper bloqueos
creativos. Estar en un entorno nuevo, lejos de los condicionamientos
habituales, puede liberar la imaginación y facilitar el surgimiento de ideas
nuevas.
Desarrolla el
pensamiento lateral
La experiencia
multicultural amplía la variedad de pensamientos, ayuda a encontrar soluciones
desde distintos ángulos, y favorece la capacidad de hacer asociaciones
creativas. Esto ocurre tanto durante el viaje como al regresar, cuando el
aprendizaje empieza a integrarse.
Amplía la mirada y
modera el chauvinismo
Como decía Aldous
Huxley, “Viajar es descubrir que todos están equivocados acerca de otros
países”. Un estudio de universidades como Rice, Columbia y Carolina del Norte
reveló que al vivir fuera de nuestro país, obtenemos mayor claridad sobre
nuestra identidad, lo cual nos empuja a revisar nuestras creencias y a mirarnos
con ojos nuevos.
Facilita el
acceso a lo espiritual
Viajar a destinos
con significado espiritual, o a lugares soñados desde siempre, puede generar
una experiencia tan intensa que provoque cambios profundos en nuestra forma de
ser. Los viajes con connotación religiosa, por ejemplo, tienen un fuerte
impacto emocional y existencial. Incluso, el simple hecho de planificar el
viaje ya da inicio a ese movimiento interior.
Sirve como
inspiración de vida
Viajar abre
nuevas puertas para comprender el mundo externo, pero también nos permite
acceder a rincones de nuestra subjetividad. Al dejar que el mundo nos toque
profundamente, ciertas vivencias pueden marcar un antes y un después en nuestra
historia personal. Incluso pueden influir en la forma en que nos contamos a
nosotros mismos.
Fortalece los
vínculos
Compartir un
viaje con alguien cercano intensifica las relaciones. La vivencia conjunta de
experiencias extraordinarias refuerza los lazos afectivos. Por eso, incluso en
contextos de crisis —como en una pareja—, una escapada puede ser una
oportunidad para reencontrarse.
Potencia
habilidades psicológicas
Durante un viaje
se despiertan fortalezas como la curiosidad, la apertura mental y la disposición
al cambio. Está comprobado que salir de la zona de confort incrementa la
valentía, el bienestar emocional y favorece momentos de creatividad e
innovación que muchas veces no surgen en la rutina.
¿Qué se necesita
para que un viaje nos inspire?
Es clave dejar
que el mundo exterior nos conmueva hasta lo más profundo. Redescubrir al niño
curioso que vive dentro de cada uno y permitirle explorar con una actitud
abierta, lúdica y creativa. El viaje se convierte así en un espacio donde el
entorno y el viajero se conectan de manera única, generando experiencias
significativas y transformadoras.
Como decía
Antonio Machado: “Se hace camino al andar”. Y con cada paso, se despierta la
neuroplasticidad, se crean nuevas conexiones cerebrales y se abren horizontes
internos. La clave está en proponerse metas que nos estimulen y disfrutar
plenamente del recorrido.
🧠 Ejercicios para el Gimnasio del Cerebro
1 Reír frente al espejo durante un minuto al despertar
Aunque sea forzada, la
risa estimula músculos faciales.
Genera endorfinas, mejora
el estado de ánimo.
Deja un “rastro” de
alegría en el rostro que contagia al entorno.
Mejora la interacción
social y emocional durante el día.
2 Ejercicio con lapicera entre los dientes
Imitación de sonrisa
muscular (aunque no rías).
Estimula la misma zona
neural que una sonrisa natural.
Alternativa útil cuando
cuesta reír de forma espontánea.
3 Meditación matutina con visualización positiva del día
Visualizá la culminación
exitosa de tus tareas diarias.
Estás creando redes
neuronales asociadas a esa experiencia imaginada.
Aumenta la confianza,
reduce la ansiedad y mejora el rendimiento.
4 Meditación nocturna con resignificación de experiencias
negativas
Reinterpretar
conscientemente los hechos del día.
Transformar emociones
negativas en aprendizajes o sabiduría emocional.
Evita que el
metaconsciente procese negativamente lo ocurrido.
Mejora la calidad del
sueño y el bienestar emocional al despertar.
5 Ejercicios de estimulación cuántica y perceptiva
Visualización para
manifestar (cuántica aplicada)
Técnica: escribir
objetivos concretos, en positivo.
Leerlos antes de dormir
para influir desde el metaconsciente.
Crea dirección
vibracional + emocional que afecta el entorno.
6 Ejercicio perceptivo con sentidos invertidos
Día 1: ver una película
solo con audio (sin imagen).
Día 2: ver una película
solo con imagen (sin sonido).
Fuerza a tu cerebro a
captar información desde sentidos menos entrenados.
Mejora percepción,
intuición y lectura no verbal (muy útil para relaciones humanas, ventas,
liderazgo).
7 Entrenamiento para evitar el estrés crónico
Meditaciones diarias: una
a la mañana + una a la noche.
Repetir por mínimo 3
meses para generar estado estable de “no estresabilidad”.
Esto descondiciona
emocionalmente y previene enfermedades asociadas al estrés.
Permite tomar decisiones
desde un estado cognitivo claro y elevado.
8 Claves de alto impacto cognitivo
Focalización atencional
selectiva
Aprender a elegir qué
percibir y qué ignorar (especialmente en redes sociales).
Todo lo que entra por
percepción forma redes neuronales, ¡aún lo negativo!
Entrenarse para decidir
en qué enfocar la energía.
9 Concentración profunda en un solo tema durante una hora
Duplica la cantidad de
conexiones neuronales sobre ese tema.
Mejora la memoria, la
comprensión, la capacidad de respuesta y la creatividad.
Muy efectivo para
estudiantes, oradores, terapeutas, líderes y vendedores.
10 Escritura matutina en estado hipnagógico
(semiinconsciente)
Justo al despertar, antes
de lavarse la cara.
El metaconsciente sigue
activo y fluye la creatividad sin filtro racional.
Ideal para escritura
profunda, introspectiva, artística o reveladora.
Mejor momento para
plasmar intuiciones, ideas, soluciones complejas.
Conceptos clave para
profundizar
El metaconsciente (o subconsciente) funciona durante el sueño y es más poderoso que el consciente.
Las emociones no
resueltas del día permean todo el cerebro durante la noche.
El corazón tiene
estructuras neuronales, y su vibración emocional influye en el cerebro.
El intestino
también se considera “tercer cerebro” (trilogía neuroemocional).
El entrenamiento
de la percepción y la decisión atencional son claves para el bienestar mental
en la era digital.
La cuántica
aplicada a la mente permite explicar fenómenos como la manifestación, la
sanación emocional, y los llamados “milagros”.
🌿 Recomendaciones complementarias
📘 Libros sugeridos:
· Neurocuántica
· Los milagros de la mente
· El código de las mentes extraordinarias
(Vishen Lakhiani)
· Método Silva (José Silva)
Lic. Tamara Le Gorlois





