Sepulcros de masones en iglesias católicas


Por Lic. Tamara Le Gorlois

Uno de los tantos mitos (casi un cliché) más fácil de rebatir es: “los masones no fueron enterrados en las iglesias”.
En realidad, desde que el 13 de diciembre de 1821, Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia refrendaron el decreto 109 que obligaba a …"todos los cadáveres a ser conducidos y sepultados en el cementerio que se llamará de Miserere", casi no se volvieron a usar las iglesias como sepulcro de ricos e influyentes (sí de obispos y otros clérigos renombrados), salvo contadas excepciones.

Entonces no se disponía del dinero para refaccionar el enterratorio (lugar que hoy ocupa "Nuestra Señora de Balvanera"), por lo que se optó por decomisar el huerto de naranjos de los padres recoletos, aledaño a la iglesia del Pilar. Así se creó el cementerio del Norte (más tarde de la Recoleta), por un artículo del 8 de julio de 1822, siendo nombrado capellán el padre Juan Antonio Acevedo, que ya ejercía esa función en el humilde cementerio de los betlemitas.
La incineración de los cadáveres estuvo expresamente prohibida por la Iglesia Católica hasta la década de 1960.
El primero en proponer la cremación en la Argentina fue el doctor Pedro Mallo hacia 1879, a través de la Sociedad Científica Argentina, aunque la primera practicada fue recién el 26 de diciembre de 1884, al fallecido por fiebre amarilla, don Pedro Doime, a fin de evitar un nuevo rebrote de la epidemia que en 1871 se cobró alrededor de 15.000 vidas.
Hoy, decenas de iglesias en nuestro país ya poseen cinerarios, donde pueden ser depositadas las cenizas de 5.000 personas en un metro cúbico. ¿Puede la Iglesia realmente controlar la membresía a la Masonería de cada difunto que allí se deposita? Siendo que no tiene acceso a los archivos de las actas de filiación masónica, la respuesta es sencillamente “no”.


Pero no se pueden minimizar los casos de aquellos masones que, previamente a estas grandes reformas, encontraron descanso en lugares sagrados de nuestro país. Damos por obvio que no fue su voluntad develar su membresía a la Masonería; o si en algún caso esto no pasó por desapercibido, al menos la Iglesia hizo oídos sordos. Entre estos destacados, sin agotar la lista reconocemos a:

1 - Juan José Antonio Castelli (1764-1812), en la iglesia de San Ignacio (Ciudad de Buenos Aires). Los restos del Vocal de la Primera Junta fueron colocados el 12 de octubre de 1812 en el templo, frente al altar de San Judas Tadeo. Allí nunca hubo placa alguna que lo identificara. Hoy la iglesia se encuentra en plena tarea de restauración, y luego de la puesta en valor del altar, se colocará finalmente la placa recordatoria entregada por el Dr. Aníbal Fernández para hacer justicia a la memoria y nombre de nuestro prócer.
2 - Dardo Rocha (1838-1921) en la Catedral de la Ciudad de La Plata.
3 - Justo José de Urquiza (1801-1870), en la Catedral de la Ciudad de Concepción del Uruguay.
4 - Justo Germán Bermúdez (1783-1813), en el cementerio del Convento de San Lorenzo, Santa Fe.
5 - Luis Jorge Fontana (1846-1920), primer gobernador de la Provincia de Chubut, y fundador de la Ciudad de Formosa, sepultado en la Catedral de dicha ciudad.
6 - Manuel Belgrano (1770-1820), en el atrio de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario (Ciudad de Buenos Aires).
7 - Antonio González Balcarce (1774-1819), vencedor de Suipacha, también está sepultado en la iglesia Nuestra Señora del Rosario, convento de Santo Domingo (Ciudad de Buenos Aires).
8 - Hilarión de la Quintana (1774-1843), el general lautarino y tío de Remedios Escalada, también descansa en esta iglesia (Nuestra Señora del Rosario, convento de Santo Domingo).
9 - Santiago Derqui (1810-1867), ex-presidente, enterrado en la iglesia convento de la Santísima Cruz de los Milagros, Ciudad de Corrientes.
10 - Juan Martín de Güemes (1785-1821), en la Catedral de la Ciudad de Salta.
11- Un capítulo aparte merecen el Libertador José de San Martín (1778-1850);
12 - Tomás Guido (1788-1866);
13 - y Juan Gregorio de Las Heras (1780-1866).
Estos tres últimos próceres son protagonistas de un caso paradigmático. Los tres se encuentran en el mausoleo que, muy a pesar de los esfuerzos de Monseñor Aneiros de no dar lugar a masones, finalmente una comisión masónica pudo hacer construir junto a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, un mausoleo para dar descanso al cuerpo del Libertador. Luego serían traídos los restos de sus leales amigos, su edecán, el general Tomás Guido y su fiel oficial, el general Juan Gregorio de Las Heras.

La afirmación que sigue levitando en el imaginario popular es “están fuera de la iglesia, no están en tierra consagrada”.
Pero no nos olvidemos que el mausoleo fue construido sobre parte de las tierras del antiguo camposanto de la iglesia, previamente bendecido como tal y actualmente incorporado al predio de la Curia Metropolitana. Y… ¿Acaso no estaba aquel camposanto colonial, donde hoy se yergue el mausoleo, bendecido con la gracia de Dios Todopoderoso? Definitivamente sí, haciéndose justicia al credo de nuestros prohombres, grandes masones y fervientes católicos.

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5 comentarios:

  1. Guau, Tami! ¡Que remate! Eso es para los que dicen que los masones no podemos ser buenos catolicos. No tienen idea. Gracias Tami, segui desasnandonos!

    T:.A:.F:.

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  2. que buena nota tamara
    esto que escribis mas arriba me mueve a varias reflexiones y, por que no, dudas
    -respecto de lo de castelli, ¿se verificó donde están sus restos? tenía entendido que se desconocia el paradero

    - ¿es cierto que belgrano está enterrado en el patio de la iglesia porque al haber tenido hijos naturales se autoconsideró impuro (perdón pero no encuentro otro término) para estar dentro de la iglesia

    -la capilla del palacio San José en Concepcion del Uruguay tiene varios símbolos masónicos en su interior ¿estaba permitido eso?

    gracias, y perdon por abusarme de tu casi infinito conocimiento, un beso
    Susana

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  3. Excelente. Gracias. No sabía de la mitad de los nombrados.
    T:.A:.F:.

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