El “tegmat”

Presentación de Jesús en el Templo. Andrea Mantégna, Siglo XV (arriba)

La Presentación de Jesús en el Templo. Fresco de Fra Angelico, c.1440 (siguiente, abajo)

El “tegmat” es una técnica muy antigua de vendaje que se aplica a los bebés durante los primeros meses de vida, generalmente a la hora de dormir, dejándolos completamente inmovilizados. 
Muchos vocablos árabes han tenido origen sánscrito en tiempos en que los musulmanes ocuparon tierras indias. La raíz sánscrita “teg” (cubrir), dio lugar a la voz tegmat, así como fue asimilada por el latín en palabras como tegumentum (protección, cobertura, lo que envuelve o abriga) y el verbo tegere (cubrir, proteger). De ahí que se formen vocablos como teja, retejar, techo, techumbre, proteger, detectar, detective y tegumento, en este último caso, para designar a las membranas de revestimiento, de protección externa de órganos o cavidades del cuerpo, así como a la piel que protege las semillas.

El tegmat es para muchos marroquíes un ritual obligatorio desde antaño. Se cree que así los niños crecen sin las piernas arqueadas y con una figura esbelta. También se utiliza este envoltorio para proteger al niño del frío, evitar los arañazos en su propia cara o para transportarlo fácilmente mientras las madres trabajan en el campo o en la casa. Se cree también que el vendaje es un excelente remedio contra los cólicos gracias al calor y la presión que la tela ejerce sobre el vientre.

En esta “momificación”, se deja la cabeza libre y dentro están los brazos cruzados (el derecho sobre el izquierdo en posición de rezo) y las piernas estiradas. El bebé es cubierto con una tela cuadrada sujeta con una venda antiguamente elaborada por las abuelas o en sastrerías especializadas.
Supuestamente, en esta posición, el bebé revive la sensación intrauterina conciliando el sueño, aunque lejos esté el estado “flotante” en el líquido amniótico, con la postura rígida del tegmat. Es una práctica que puede producir luxaciones de caderas al mantener al bebé en posición horizontal y es pernicioso a nivel psicológico porque limita las expresiones, los sentidos, y los reflejos involuntarios del bebé.

Empleado en los años 50 de forma sistemática, en la década de los 60 y 70 en las zonas urbanas las comienza a caer en desuso al considerarlo innecesario, y ante las constantes advertencias por parte de los especialistas respecto a su efecto negativo.
Si bien en las ciudades el “tegmat” desaparece, en las zonas rurales todavía goza de popularidad, y son sobre todo las “Kablas” (comadronas) quienes transmiten el oficio de madre a hija.

Por Lic. Tamara Le Gorlois


Púlpito del Duomo de Barga, Toscana, Italia. Siglo XIII d.C. Guido Bigarelli
 

   
Iglesia de St. Martin en Zillis, cantón de los Grisones, Suiza (“la Sixtina de los Alpes”)


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