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Aforismos: cuando menos es más

Hay palabras que ya en su origen cuentan una historia. Aforismo es una de ellas.

Aforismo procede del latín aphorismus, tomado a su vez del griego ἀφορισμός (aphorismós), término relacionado con la idea de delimitar, definir, separar o determinar.

Podemos comprender mejor su formación observando tres elementos:

ἀπό (apó): indica separación, alejamiento o procedencia; puede traducirse, según el contexto, como “desde”, “fuera de” o “apartado de”.

ὁρίζω (horízō): significa “delimitar”, “marcar una frontera”, “determinar” o “definir”.

-μός (-mós): sufijo utilizado para formar sustantivos que expresan una acción o su resultado.

De allí, aphorismós tuvo sentidos como delimitación, determinación o definición.

Y aquí aparece un parentesco etimológico:

El verbo griego horízō está relacionado con ὅρος (hóros), “límite” o “frontera”. De esa familia procede también horizonte, lo que delimita nuestra visión, la frontera entre el cielo y la tierra.

De horizonte surgen luego horizontal y horizontalidad.

 

Un aforismo se presenta como una frase corta: es la condensación de una idea en pocas palabras. Es una frontera verbal que encierra algo mucho más vasto. En el siglo V a.C., Hipócrates y la tradición hipocrática reunieron en sus Aforismos observaciones clínicas en forma breve, pero la forma ya existía en la cultura griega. De hecho, los fragmentos de Heráclito son intensamente aforísticos. En la tradición estoica, Séneca, Epicteto y Marco Aurelio cultivaron sentencias breves como ejercicios de vida. En el siglo XVII, Baltasar Gracián hizo del aforismo un arte de prudencia. La Rochefoucauld, Pascal, más tarde Schopenhauer con sus "Aforismos sobre la sabiduría de la vida" y Nietzsche, que convirtió al aforismo en un relámpago filosófico, llevaron la forma a territorios morales, psicológicos, existenciales. Oscar Wilde lo hizo paradoja; Kafka y Cioran, pregunta y vértigo. En nuestra lengua, Borges dejó frases que parecen contener una biblioteca. Y Antonio Porchia, con su Voces, llevó la condensación hasta un punto extraordinario.

De Hipócrates hasta nuestros días el aforismo ha sido una forma de pensamiento que se niega a dispersarse. Quizás por eso perdura: porque, frente a la prisa, obliga a volver sobre una frase y quedarse pensando.

 

Hipócrates condensó observaciones médicas.

Heráclito, intuiciones sobre la realidad y el devenir.

Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, enseñanzas para gobernarse a uno mismo.

Gracián, reglas de prudencia.

La Rochefoucauld, observaciones sobre las motivaciones humanas.

Pascal, interrogantes sobre la condición humana.

Schopenhauer, reflexiones sobre el arte de vivir.

Nietzsche, desafíos al pensamiento establecido.

Wilde, paradojas e ironía.

Kafka, interrogantes existenciales.

Cioran, pensamientos llevados al límite.

Borges, universos comprimidos en frases.

Porchia, silencios convertidos en palabras.

Antoni Bolinches condensó una vida entera.

 

Como el horizonte establece aparentemente un límite para nuestra mirada, el aforismo establece un límite para las palabras, pero no para el pensamiento.

Quizás allí resida su verdadera belleza: termina la frase y comienza la reflexión.

 

«Atrévete a saber.»

Horacio

Lic. Tamara Le Gorlois

¿Qué es clásico?

Clásico define aquello que, antiguo o moderno, no disgusta a nadie. Es una eterna referencia ideal, fuente de estética e inspiración, atractivo que perdura sin pedir permiso al paso del tiempo. No pierde fuerza, aunque todo alrededor cambie. Lo clásico nunca envejece, inspira.

Del clasicismo griego, la civilización occidental es una eterna deudora. No se trata solo de herencias estéticas, sino de una forma de mirar al ser humano, de pensar la ética, la belleza y la razón. Desde la filosofía hasta el arte y la política, esa raíz griega sigue vigente haciendo que ciertos ideales sean universales.


·       Uno de los legados más profundos de Grecia fue la filosofía, entendida como una búsqueda racional de la verdad, basada en la formulación de preguntas, la duda razonada y el examen crítico de las ideas.

·       En ese marco surgieron también la ética y la reflexión sistemática sobre la moral, especialmente a través de las enseñanzas de Sócrates, Platón y Aristóteles, quienes indagaron acerca de la virtud, la justicia, el bien y la conducta humana.

·       En Grecia surge la noción de alma, sobre todo en la filosofía de Platón, quien la consideró un principio central de la identidad, del conocimiento y de la vida moral.

·       También el ideal de areté, término asociado con la excelencia personal, la virtud y el desarrollo de las capacidades humanas, aplicado tanto a la vida individual como al desempeño público.

·       La búsqueda de perfección se manifestó igualmente en las artes y en la arquitectura, donde los griegos otorgaron un valor esencial a la proporción, el equilibrio y la armonía. Aplicando la proporción áurea, obras de arte y construcciones tomaron proporciones ergonométricas: la humanización de lo tangible.

·       El arte figurativo y la literatura de los griegos se mantuvieron ligados al mundo de los dioses, dando forma a arquetipos, símbolos, alegorías y signos que aún hoy son evocados con frecuencia por el arte y la psicología moderna, especialmente por la psicología junguiana. Las imágenes antropomórficas de dioses y mitos continúan utilizándose como representaciones simbólicas de realidades abstractas, tales como pensamientos, emociones, fuerzas y energías difícilmente expresables de otro modo.

·       Heredamos el teatro, no solo como forma de entretenimiento, sino como espacio de reflexión social, introspección, autocrítica, política, religiosa y moral. A través de la tragedia y la comedia, la sociedad griega examinaba sus conflictos, sus temores, sus valores y las consecuencias de las acciones humanas.

·       Los griegos también dieron origen al estudio de la historia. Heródoto de Halicarnaso (c. 484-425 a. C.), fue pionero en la investigación del pasado y en la ordenación cronológica de los acontecimientos, estableciendo las bases de la historiografía occidental.

·       Del mismo modo, el pensamiento político griego contribuyó a consolidar la noción de que la ley debía situarse por encima de la voluntad individual y que la vida colectiva debía regirse por normas comunes.

·       Heredamos el concepto de polis, entendida no solo como una ciudad, sino como el espacio político en el que se ejercían la ciudadanía, la participación cívica y la vida comunitaria.

·       De la democracia ateniense surgen los sistemas políticos occidentales, al igual que la valoración del debate público como forma legítima de deliberación y toma de decisiones.

·       Vinculada con esta práctica se desarrolló la retórica, concebida como el arte de persuadir mediante argumentos, y se consolidó el diálogo como una herramienta fundamental para el pensamiento, la convivencia y la resolución de diferencias.


Así, la ciudadanía y la participación cívica, el debate público, el teatro, la filosofía, la retórica, la búsqueda de proporción y armonía, el ideal de areté, la investigación histórica, la supremacía de la ley y el valor del diálogo conforman algunos de los pilares intelectuales, políticos, morales y estéticos que Occidente heredó de la Grecia clásica y que, con numerosas transformaciones, continúan vigentes hasta nuestros días.


Los duces, en su afán de gloria, solían comparar su poder marítimo veneciano con el terrestre de Esparta, elevando aquella comparación casi a mito. Más tarde, durante la Revolución Francesa, la idea de égalité se quiso emparentar con la supuesta equidad espartana, pasando por alto su estructura rígidamente oligárquica y la dura explotación sobre las mayorías. Algo similar ocurrió con la democracia: durante mucho tiempo se idealizó la democracia directa ateniense —ese voto a mano alzada del ciudadano— y se la mezcló, en el imaginario, con las formas modernas de representación, donde la gente delega su voz en representantes.

Como sea, aquel clasicismo griego no solo inspiró a otra gran cultura, la romana, sino que también se abrió paso a través del tiempo, retornando una y otra vez a nuestra cultura.


Cómo ser un escritor conocido: manual para recién llegados

El mundo de las letras y sus nuevos integrantes

Interesante artículo del licenciado en Comunicación Social Joaquín Sánchez Mariño publicado en el matutino LA NACION de Buenos Aires, Argentina, el 25 de agosto de 2015 en el suplemento Ideas, donde da su visión respecto a aquellos flamantes arribados al mundo de las letras y a sus posibilidades futuras.


Esta transcripción on line se encuentra en https://depunoyletra.com/2015/08/

 

Cómo ser un escritor conocido: manual para recién llegados

 

En un mundo pleno de aspirantes a la escena literaria, leer y escribir bien no parece suficiente; la búsqueda de un público y la autopromoción asoman como inevitables

 

Por Joaquín Sánchez Mariño  | Para LA NACION

 

El señor M tiene una pequeña gema entre las manos, pero carga con la lepra: no lo conoce nadie. Ergo, nadie leyó su pequeña gema. ¿Cómo puede hacer el señor M para que alguien repare en su trabajo? En el siglo XV, pongamos que habla mal de Dios hasta quedar encadenado y recitar sus versos finales al calor de la hoguera. En el XIX escribe una profunda novela sobre alguno de los grandes temas y la gente de Londres corre a comprarla. En el XX se hace amigo de algún literato con campo y se deja llevar por la gracia de su mecenas. Pero hoy, año 2015, sus posibilidades parecen ser infinitas. ¿Cómo se hace, entonces, para ser un escritor conocido?

 

Mercedes Romero tiene 25 años. Empezó en el género preliterario por excelencia: el posteo de Facebook. Después entró en un taller literario con Luis Mey y su estilo fue adquiriendo likes, ese bien de cambio de la contemporaneidad. Hoy, a menos de un año de ese primer texto replicado en las redes, a Mercedes acaban de confirmarle que la editorial Notanpüan va a publicar su primer libro.

 

Julieta Habif, de 24 años, por estos días se está preguntando qué hacer. Tiene un blog (estoesunapipa.blogspot.com), donde escribe historias de amor. Con el tiempo fue logrando una comunidad de seguidores y le dieron ganas de tener un libro propio, pero no sabe si autopublicarlo o esperar a que alguna editorial le acepte el manuscrito. «Me gusta mucho escribir, cada vez más, y publicar me parece el siguiente paso lógico para seguir haciéndolo. Como irse a vivir con la pareja después de un tiempo de noviazgo», dice. Guillermo, librero de Eterna Cadencia desde hace 5 años, no recomienda ir por el camino de la autoedición si se pretende alcanzar el gran público: «Llegan muchas ediciones de autor a la librería, y la verdad es que muy difícilmente se les hace un lugar si no vienen con una recomendación determinada o al amparo de una editorial respetada».

 

Juan Sklar es un caso distinto. El año pasado publicó Los catorce cuadernos (Beatriz Viterbo), y aun siendo su primera novela, ya vendió más de mil ejemplares. Por supuesto, su libro no llega de la nada a los anaqueles. Sus notas web, «Sexo Turista» primero (publicada en la revista La única) y el más reciente «Hecho en Bangkok», donde cuenta que va a ser padre, le valieron miles y miles de lectores. Para cuando salió su libro ya había mucha gente esperándolo.

 

«Mi mejor herramienta de difusión fueron los textos, ellos me valieron el contagio que se generó con lo que escribo. Con la literatura no hice, en términos de difusión, nada que no haya hecho antes en otros mundos: la tele, la radio, el teatro. Pero sólo acá pasó lo que pasó. Quiero decir: la difusión sola no logra nada. Pero tampoco podemos escribir y nada más. Hay que salir a defender la obra. Tal vez me haya quedado del teatro la falta de pudor por el autobombo. El under teatral se desespera por conseguir público. Pero ojo, tiene que estar claro que la prioridad es escribir, no postear. Por otro lado, no entiendo la fantasía que se formó alrededor de los escritores: es un mundo en el que hay muy poca plata, no hay muchas mujeres ni hombres, y no hay grandes fiestas. Y sin embargo, todo el mundo quiere ser un escritor famoso. Qué sé yo».

 

¿Realmente la literatura -o la defensa de ella- nos muestra mejores de lo que somos? No, nos muestra solos y desesperados por saciar la vanidad de nuestro ego. Si ya sabemos que el éxito como escritor no nos deparará dinero, ni amores y aventuras, ¿por qué buscar tan desesperadamente que nos lean? Es la respuesta incómoda que nadie acepta y que Don Draper, el genial antihéroe de Mad Men, confiesa con total liviandad cuando una chica le pregunta qué hace bañado y perfumado a las tres de la mañana: «Soy vanidoso».

 

ESCRIBIR NO ES PARA TÍMIDOS

 

«El camino más noble y efectivo para hacerse un lugar en la literatura es leer y escribir bien. El resto son variaciones de la falta de pudor o cierto goce exhibicionista por el ridículo, cuestiones que siempre están ocultando una falta de verdadera voluntad creativa», dice Nicolás Mavrakis, periodista cultural free lance y escritor.

 

En esa línea está la obra de Cocó Muro. Su libro, Diez razones por las cuales usted debe tener este libro, saldrá el próximo mes por editorial Llanto de Mudo. «La estrategia de difusión es la clásica: comunicarlo por redes, generar cierta intriga y expectativa, enviarlo a los medios de comunicación que más me gustan y contarles en una gacetilla de prensa a los periodistas de qué se trata lo que les estoy enviando», explica. El suyo es un libro de listas («literatura en potencia»), que surgió de su voluntad experimental y del buen recibimiento que tuvieron esos textos cuando los publicó en Facebook. Otra vez, el posteo como disparador, como género de acercamiento. Si de Borges se dice que además de su obra escrita está su obra oral, ¿cuántas obras hechas de posteos habrá de acá a cincuenta años?

 

«Todo el mundo deje de hablar ahora mismo. Presten atención. Se los dije a ustedes, se los dije a mis críticos: yo soy el más grande de todos los tiempos.» Habla Muhammad Ali al comienzo de documental Facing Ali. Tiene razón el hombre: fue el mejor de todos los tiempos. ¿Pero sólo por su manera de pelear? Según Eduardo Bejuk, periodista especialista en boxeo, la revolución que causó en el mundo gracias a sus dichos, sus polémicas y su figura lo elevaron a la categoría de mito, iniciando la era moderna del deporte. Dice que Alí, sin lo que él inventó para sí, nunca hubiera sido Alí.

 

Y algo parecido pasa en el mundo de la nueva literatura: ya no gana el que domina el ring de la escritura sino el que mejor se inventa a sí mismo. Hay algo positivo después de todo: la ficción nunca tuvo tan buen pulso. «Pero nadie se sostiene sólo de posteos. Tiene que haber una obra detrás que lo sustente. Si no, la gente se siente estafada», dice Juan Sklar. En ese aspecto, Facebook permite ver en cámara lenta cómo van llegando esos 15 minutos de Warhol y cómo cada uno intenta retenerlos, estirarlos, reciclarlos, y finalmente dejarlos ir.

 

Facundo García Valverde sabe bien de qué se trata la fama. Escribió varios libros de famosos como ghost writer, y en este año la editorial Galerna publicará su novela Fama, sobre la vida de un extraño ex participante de Gran Hermano. «Cuando era más complejo publicar, había pocos puntos en común entre el mundo editorial y el de Gran Hermano. Hoy todo parece seguir una misma lógica, la de un mercado que te exige autopromocionarte: las lecturas son las presentaciones en discotecas de los ex participantes, las reseñas son los videos de tu paso por la casa, los lectores son los fans que agitan por Twitter y te votan por SMS, las roscas con otros escritores son los complots que se arman en la casa; las solicitudes de amistad en Facebook son los canjes publicitarios. Todo eso, sin embargo, no es nada; es al sexo lo que la ropa de tu pareja: lo que tenés que sacar para tener sexo. Lo único verdadero es que te lean y que los otros te reconozcan como alguien que vale la pena leer», dice.

 

En su mirada, un escritor que busca ser leído no lo hace por acariciar su ego: «Uno enfrenta el trabajo creativo y literario con tantas expectativas como inseguridades -explica-. Uno cree estar hablando de la soledad y, en realidad, está hablando del miedo; otro cree estar hablando de sus amigos y, en realidad, está describiendo la tragedia política de haber nacido en América Latina. Ese ‘en realidad’ es todo; ese ‘en realidad’ es por lo que la gente te lee y no tiene nada que ver con tu ambición o vanidad. En el fondo, es similar a lo que dice Hannah Arendt para el dominio político: ‘Uno participa para mostrarse único en un ámbito donde nada es previsible y nada está bajo tu control'».

 

Adriana Amado, doctora en Ciencias Sociales de Flacso y especialista en medios, dice: «Los escritores no están lejos de los nuevos parámetros de celebridad: un escritor puede ser conocido, célebre o respetado. Son muy pocos los que tienen las tres condiciones. Las dos primeras son producto de la maquinaria de prensa de la industria editorial: entre periodistas que no leen, lo que se difunde es la solapa del libro. Además, sucede que somos más los que escribimos que los que leemos. Sobre todo porque cada vez tenemos menos tiempo de leer de tanto que nos lleva escribir. Por eso viene Amazon como justiciero universal y amenaza con pagar regalías por páginas efectivamente leídas. Yo creo que además debería descontar lo que leímos de falsas reseñas, falsas entrevistas al autor y demás delicias de la maquinaria de difusión».

 

Y sea por fama u oscuridad, de pronto todos queremos ser escritores. Queremos viajar a la Feria del Libro de Guadalajara y codearnos con nuestros cuates latinoamericanos mientras planeamos la revolución de la literatura, una vez más, pero para siempre. Queremos hacer frases que rompan la moda y poder descansar en lo que ya dijimos. Pero nos falta el corazón latente de nuestro sueño: nos falta haber escrito.

 

POR UN LUGAR EN LA LITERATURA

 

«Ser conocido puede ser un efecto secundario de trabajar mucho, moverte siempre en un ambiente determinado o ser muy bueno en Twitter. Mi táctica, que es producto de discapacidad publicitaria, es recitar en vivo y llevar los libros. Es un trabajo de hormiga pero es súper satisfactorio -cuenta Mariana Bugallo, que el miércoles que viene en Casa Brandon presentará el libro Muchacho-. Supongo, por otro lado, que los nuevos medios de difusión ayudan a que nos conozcamos entre nosotros más que a que se nos conozca».

 

Por su parte, Nora Galia, directora de la editorial Letras del Sur, profesora de la carrera de Edición de la UBA y especialista en Gestión cultural, dice: «En el marco de la hipermodernidad, no estamos frente a lectores sino a consumidores omnívoros. Es una tarea conjunta del editor y del autor batallar contra una constante oferta de ‘entretenimiento’ y de nuevos star systems. Hoy, el escritor tiene que tomar un rol activo para construirse como tal».

 

¿Pero qué es construirse como escritor? Primero, asumir el deseo de ser escritor, tenga sentido o no. Después, comunicar. Y comunicar es ser un escritor que postea. Intentar, claro, mantenerse en los reinos del buen gusto. Y si la competencia es feroz, bajar cada tanto al barro de la confesión y contar, por ejemplo, que uno va a estar leyendo textos en tal o cual evento palermitano. ¿Le importa a alguien? Imposible saberlo, pero la consigna es clara: el que quiere escribir, labure su perfil de escritor. Ya no más postear felices cumpleaños a la vieja ni fotos del partido: ahora sólo referencias a la literatura. Empezar a ir a encuentros a levantar la copa con extraños. Seguir escritores en Twitter, lograr en lo posible una mención de alguien respetado. Salir a la caza de notas y artículos sobre la propia novela. Y olvidar el lastre moral de la humildad. Después de todo, ¿qué es un escritor hoy en día sino alguien que proclama que sus palabras tienen un valor?

 

Gonzalo Garcés, director editorial de Galerna y escritor, dice: «Yo creo que los mejores artistas logran un equilibrio existencial muy delicado. Ellos saben que son boludos como todos tratando de ganarse el pan, pero saben también que la imagen mágica que proyectan no por ser falsa carece de valor. Es como la imagen de Dios para un ateo o la idealización que vos podés hacer de alguien a quien amás. Es un fantasma, sí, pero un fantasma que te eleva un poco más alto y te sirve de guía. George Clooney dijo que él no tenía Twitter porque si tenés Twitter sos accesible, y si sos accesible, no sos una estrella. No conozco a George, pero tengo el pálpito de que no cree que es una estrella inalcanzable, pero sabe que tiene que proyectar esa imagen. Es como ser padre. Ser padre, en presencia de tus hijos, es claramente ser mejor de lo que sos, porque ellos lo necesitan». Igual que la literatura, que necesita de la máquina de humo para seguir estando viva.


Origen maquiavélico de El Príncipe

Es difícil imaginar a Nicolás Maquiavelo, el influyente canciller de Florencia, escondiéndose como un prófugo en una cueva de vicios.

 

En 1512, a los 43 años, Maquiavelo se encontraba en un exilio forzado tras ser acusado de conspirar contra la familia Medici, gobernantes de Florencia. Por su condición de estadista y aristócrata, se le permitió elegir su lugar de exilio, optando por una aldea en las colinas de San Casciano, cerca de Florencia, donde su familia tenía propiedades.

 

En lugar de quedarse en la lujosa mansión de su tío cardenal, diseñada por Miguel Ángel y hoy convertida en exclusivo hotel, prefirió una sencilla casa de campo en Chianti, que tenía la particularidad de estar conectada por acceso subterráneo a una taberna vecina.

 

Cada noche, luego de estudiar en su biblioteca, vistiendo ropa modesta y candelabro en mano, bajaba a la bodega de la casa y, tras atravesar un pasadizo secreto, bajaba por el túnel hasta la taberna sin ser visto. Hubiera sido más fácil cruzar directamente la carretera que separaba su casa de la taberna, pero evitaba hacerlo para no comprometer su reputación.

 

Ya instalado en la taberna compartía vino y juegos de cartas con clientes habituales, campesinos, viajeros, el carnicero y el mismo posadero.

 

Esta taberna, conocida como L'Albergaccio ("La mala posada"), inspiró a Maquiavelo para escribir El Príncipe, uno de los textos políticos más controvertidos de todos los tiempos.

 

L'Albergaccio era elegido por viajeros, caballeros y peregrinos para cenar y descansar, pero a Maquiavelo le representaba un microcosmos de la naturaleza humana, perfecto lugar para estudiar el comportamiento humano. De allí escribió El Príncipe, guía para todo líder pragmático dispuesto a que el fin justificara cualquier medio.

 

Además de inspiración, la taberna hacía su exilio más llevadero: las discusiones y chismes del lugar le proporcionaban entretenimiento e información sobre lo que sucedía en Florencia. Esta vida social, según le escribiera a su amigo Francesco Vettori, le permitió "evitar que mi cerebro se llene de moho y ventilar mi furia contra la perversidad de mi destino".

 

Hoy podemos disfrutar del lugar como taberna gourmet, siempre resonante en los paisajes de la Toscana.

 Tamara Le Gorlois

Tour Sarmiento y la Masonería. Sábado 12 de septiembre 2015, 15 hs

Un recorrido por la vida masónica del Maestro de los Maestros a cargo de la Lic. Tamara Le Gorlois.

Entenderemos los más finos y controvertidos detalles de su vida privada, así como en su labor docente, literaria, política, estadista y militar. Sarmiento, además, fue forjador de la Generación del ’80 y de un legado positivista presente hasta nuestros días.
Descubriremos en su figura cómo el engranaje masónico lo convirtió en uno de los más conspicuos prohombres de la Historia argentina, comprometido desde el más alto grado de la Masonería.
El recorrido se desarrolla, a su vez, descubriendo la simbología y patrimonio masónico en la zona norte de la ciudad de Buenos Aires.

Sábado 12 de septiembre 2015, 15 hs  

Precio por persona: $ 200 (incluye la entrada al Museo Sarmiento, en Belgrano).

Títulos, cargos y otras yerbas


En Alemania, en 1818 fueron abolidos los derechos de la nobleza y se prohibió 
conceder nuevos títulos nobiliarios, pero se permitía seguir usando el título nobiliario como parte del apellido.
Hoy, el título nobiliario alemán Conde (alemán: Graf) o condesa (alemán: Gräfin) va entre el nombre y el apellido:
Ferdinand Graf von Zeppelin
Otto Eduard Leopold Graf von Bismarck
Julia Gräfin von Korff

El conde alemán que escribe su nombre en español poniendo Hans Conde de H..., etc. está traduciendo directamente del alemán.
Cuando Graf ('conde') va después del nombre de pila y no le sigue ningún apellido, no se trata de un título nobiliario, sino de un apellido común, como en España el apellido Conde: la tenista alemana Steffi Graf y el ex banquero español Mario Conde.

Por extensión, la RAE establece que el título nobiliario va con mayúscula cuando forma parte del nombre propio:
El Conde de Montecristo
El hostal Conde de Villanueva
Colegio Parque Conde de Orgaz
Casa del Conde de la Valenciana 
El Conde de Monte Cristo de Alejandro Dumas

Si se usa el título, cargo o nombre de dignidad, solo con propósitos expresivos, se escribirá siempre con minúscula cuando acompañen al nombre propio de la persona o del lugar al que corresponden:
el rey Felipe IV
el papa Juan Pablo II
el presidente del Ecuador
el ministro de Trabajo
(Se exceptúan de esta costumbre los títulos de los miembros de la familia reinante en España:
el Rey Don Juan Carlos
el Príncipe Felipe.» [Seco, Manuel: Diccionario de dudas ..., p. 290])

o se usen en sentido genérico:
el papa, el rey y el duque son tan mortales como cualquier otro ser humano

Sin embargo, pueden escribirse con mayúscula cuando no aparece el nombre propio de la persona o lugar y nos referidos a alguien a quien queremos destacar:
El Rey inaugurará la nueva biblioteca.
El Papa visitará tres países en su próximo viaje.

Es costumbre escribir con mayúscula estas palabras en leyes, decretos y documentos oficiales:
el Rey de España
el Presidente del Gobierno
el Secretario de Estado de Comercio.

Así como en escritos publicitarios, propagandísticos o de textos afines, a solo fin de destacar arbitrariamente determinadas palabras.

Título nobiliario añadido al nombre por aposición
Excmo. Sr. Don Javier Godó Muntañola, conde de Godó
Don Íñigo III. Vélez de Guevara y Tassis, VII° conde de Oñate y conde de Villamediana
Juan de Borbón, conde de Barcelona
Gaspar de Guzmán, Conde de Olivares
Pedro Rodríguez Campomanes, conde de Campomanes
Su nombre verdadero se ignora. El conde de Lautréamont es pseudónimo
Palacio del conde de la Vega del Sella


Excmo. Sr. Don Martíi de Riquer i Morera, Conde de Casa Dávalos

Laberinto Patagonia


La localidad de El Hoyo, en la Comarca Andina del Paralelo 42 (Chubut), abrió  al público, desde el pasado 3 de enero del 2014, el laberinto más grande de Sudamérica. Modelado en cerco vivo cuenta con aproximadamente 8.000 metros cuadrados y 2.200 metros de sendero en un circuito de nueve puertas a descubrir. Quienes deciden viajar en su interior, demoran entre 15 y sesenta minutos aproximadamente para salir de él.
La geométrica composición  de Laberinto Patagonia se visualiza a la distancia, saliendo de Puerto Patriada. Se encuentra a apenas 3,7 kilómetros de la Ruta Nacional 40. En el Km 1901 se abre el acceso a “El Desemboque”, camino sinuoso de ripio consolidado que bordeando el Río Epuyén conduce hasta el lugar. 

Les comparto, para vuestro deleite, este magistral cuento de Borges que nos sintetiza las dos formas en que se puede viajar en el laberinto de la vida: la errada y la correcta, por sendas viciadas o por las sendas virtuosas...

Los dos reyes y los dos laberintos - El Aleph (1949), de Jorge Luis Borges (1899–1986)

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan complejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: “¡Oh, rey del tiempo y sustancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso.”
Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquél que no muere.


[1] Ésta es la historia que el rector divulgó desde el púlpito. Véase la página [...«Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto», párrafo 12: “Nuestro rector, el señor Allaby, hombre de curiosa lectura, exhumó la historia de un rey a quien la Divinidad castigó por haber erigido un laberinto y la divulgó desde el púlpito...”]