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Apatheia, el arte de vivir

Apatheia (ἀπάθεια) es un concepto fundamental de la filosofía estoica, importante porque permite vivir conforme a la razón y la virtud.

  • A- (ἀ-): prefijo de negación, «sin».

  • Páthos (πάθος): pasión, padecimiento o afección.

Por lo tanto, apatheia significa «ausencia de pasiones», entendidas como aquellas que perturban el juicio y nos hacen perder el dominio de nosotros mismos: el drama, la ira, las reacciones impulsivas y la tendencia a engancharnos con las faltas de respeto, las ofensas, el desprecio y los chismes ajenos. Es el dominio de las emociones, libre de pasiones destructivas. Hoy hablamos de inteligencia emocional.

Para filósofos como Epicteto, Séneca y Marco Aurelio, la apatheia constituye un ideal de libertad interior. No significa dejar de sentir, sino dejar de ser esclavos de lo que sentimos.

El estoico no aspira a convertirse en una persona fría o indiferente. Busca desarrollar la sabiduría necesaria para distinguir entre aquello que depende de su voluntad y aquello que escapa a su control.

Por ejemplo, ante una ofensa, una persona dominada por sus pasiones puede reaccionar impulsivamente con ira. Quien cultiva la apatheia, en cambio, puede reconocer la ofensa, experimentar una reacción emocional inicial y elegir conscientemente cómo responder.

Apatheia no es apatía. Ambas palabras comparten su origen etimológico, pero sus significados son muy diferentes.

La apatheia se relaciona con la serenidad consciente, el dominio de las pasiones, la libertad interior y la capacidad de actuar con sabiduría.

La apatía, en cambio, implica desinterés, falta de motivación, indiferencia y tendencia a la inacción.

Los griegos también desarrollaron el concepto de ataraxia (ἀταραξία), que significa «imperturbabilidad» o «ausencia de turbación».

La diferencia es sutil:

  • Apatheia: libertad respecto de las pasiones desordenadas.

  • Ataraxia: estado de tranquilidad del espíritu, libre de perturbaciones.

La apatheia se relaciona con uno de los tres pilares de la felicidad:

Pilar 1: Vida simple. Vivir con sencillez.

Pilar 2: Saber decir NO (asertividad). Establecer límites con claridad y firmeza.

Pilar 3: Aceptar lo que no podemos cambiar (apatheia). Reconocer aquello que escapa a nuestro control y conservar la serenidad interior.

Lic. Tamara Le Gorlois

Aforismos: cuando menos es más

Hay palabras que ya en su origen cuentan una historia. Aforismo es una de ellas.

Aforismo procede del latín aphorismus, tomado a su vez del griego ἀφορισμός (aphorismós), término relacionado con la idea de delimitar, definir, separar o determinar.

Podemos comprender mejor su formación observando tres elementos:

ἀπό (apó): indica separación, alejamiento o procedencia; puede traducirse, según el contexto, como “desde”, “fuera de” o “apartado de”.

ὁρίζω (horízō): significa “delimitar”, “marcar una frontera”, “determinar” o “definir”.

-μός (-mós): sufijo utilizado para formar sustantivos que expresan una acción o su resultado.

De allí, aphorismós tuvo sentidos como delimitación, determinación o definición.

Y aquí aparece un parentesco etimológico:

El verbo griego horízō está relacionado con ὅρος (hóros), “límite” o “frontera”. De esa familia procede también horizonte, lo que delimita nuestra visión, la frontera entre el cielo y la tierra.

De horizonte surgen luego horizontal y horizontalidad.

 

Un aforismo se presenta como una frase corta: es la condensación de una idea en pocas palabras. Es una frontera verbal que encierra algo mucho más vasto. En el siglo V a.C., Hipócrates y la tradición hipocrática reunieron en sus Aforismos observaciones clínicas en forma breve, pero la forma ya existía en la cultura griega. De hecho, los fragmentos de Heráclito son intensamente aforísticos. En la tradición estoica, Séneca, Epicteto y Marco Aurelio cultivaron sentencias breves como ejercicios de vida. En el siglo XVII, Baltasar Gracián hizo del aforismo un arte de prudencia. La Rochefoucauld, Pascal, más tarde Schopenhauer con sus "Aforismos sobre la sabiduría de la vida" y Nietzsche, que convirtió al aforismo en un relámpago filosófico, llevaron la forma a territorios morales, psicológicos, existenciales. Oscar Wilde lo hizo paradoja; Kafka y Cioran, pregunta y vértigo. En nuestra lengua, Borges dejó frases que parecen contener una biblioteca. Y Antonio Porchia, con su Voces, llevó la condensación hasta un punto extraordinario.

De Hipócrates hasta nuestros días el aforismo ha sido una forma de pensamiento que se niega a dispersarse. Quizás por eso perdura: porque, frente a la prisa, obliga a volver sobre una frase y quedarse pensando.

 

Hipócrates condensó observaciones médicas.

Heráclito, intuiciones sobre la realidad y el devenir.

Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, enseñanzas para gobernarse a uno mismo.

Gracián, reglas de prudencia.

La Rochefoucauld, observaciones sobre las motivaciones humanas.

Pascal, interrogantes sobre la condición humana.

Schopenhauer, reflexiones sobre el arte de vivir.

Nietzsche, desafíos al pensamiento establecido.

Wilde, paradojas e ironía.

Kafka, interrogantes existenciales.

Cioran, pensamientos llevados al límite.

Borges, universos comprimidos en frases.

Porchia, silencios convertidos en palabras.

Antoni Bolinches condensó una vida entera.

 

Como el horizonte establece aparentemente un límite para nuestra mirada, el aforismo establece un límite para las palabras, pero no para el pensamiento.

Quizás allí resida su verdadera belleza: termina la frase y comienza la reflexión.

 

«Atrévete a saber.»

Horacio

Lic. Tamara Le Gorlois

Haya paz

La escultura de Eirene (Irene, Ειρήνη), diosa griega de la paz, sosteniendo en sus brazos al niño Ploutos (Pluto, Πλοῦτος), dios de la riqueza y la abundancia, constituye una poderosa alegoría: la Paz aparece como madre y protectora de la riqueza floreciente.
La obra que se conserva es una copia romana en mármol, de aproximadamente 201 cm de altura, realizada a partir de la célebre estatua creada por el escultor griego Cefisódoto el Viejo hacia el 370 a. C. para el Ágora de Atenas. La composición presenta a Eirene cuidando amorosamente al pequeño Ploutos y expresa una idea política y filosófica de enorme fuerza: la prosperidad, la riqueza, la abundancia solo puede crecer allí donde reina la paz.
La riqueza no aparece conquistada por la fuerza ni el poder, sino como un niño que nace, crece y necesita ser protegido por la Paz.
Resulta sugestivo que el actual nombre de la isla Santorini esté también vinculado con Irene. En la Antigüedad, la isla fue conocida como Strongýlē (Στρογγύλη, “la redonda”), Kallístē (Καλλίστη, “la más bella”) y Thēra (Θήρα). Siglos después, ya en época cristiana, una iglesia dedicada a Santa Irene —en griego, Agía Eiríni (Αγία Ειρήνη), literalmente “Santa Paz”— dio origen al nombre medieval de la isla. La denominación Santorini, aparece documentada desde mediados del siglo XII y se consolidó durante el dominio veneciano posterior a 1204, transformándose Santa Irini en Santorini.
De este modo, aunque no se trate de una continuidad directa con el culto pagano de la diosa Eirene, el nombre encierra una llamativa superposición simbólica: la antigua Εἰρήνη, personificación griega de la Paz, y la cristiana Αγία Ειρήνη, Santa Irene, comparten la misma palabra griega, εἰρήνη, “paz”.
La escultura que aparece en la foto se conserva en la Glyptothek —o Gliptoteca, museo o colección especializado en obras de escultura o en piedras finas grabadas y esculpidas— de Múnich, Alemania, el museo más antiguo de la ciudad, dedicado por completo a la escultura griega y romana.

Lic. Tamara Le Gorlois

Que no cunda el pánico: pan para todos

           

El idioma griego nos dejó uno de los prefijos más fecundos y sugerentes: “pan” (παν), que significa “todo”, “todos”, “la totalidad”.

Es una raíz pequeña, pero cargada de una ambición inmensa: nombrar lo universal. Desde esa raíz se formaron palabras que atravesaron el latín y llegaron a nuestras lenguas modernas.

Panhelénico designaba lo que pertenecía a todos los griegos, como los Juegos Olímpicos. De ahí surgen panamericano (todos los americanos), panhispánico (todo el mundo de habla hispana), panafricano (todos los africanos), panarabismo (ideología que defiende que todos los pueblos árabes de Asia y África forman una sola nación), paneslavismo (movimiento que busca la unión y la solidaridad entre todos los pueblos y países eslavos de Europa) o panregional (algo que abarca varias regiones o países dentro de una misma zona geográfica), todos con la idea de abarcar un conjunto entero.

En la vida cotidiana aparecen panteón (todos los dioses), panorama (una visión total), pandemia (enfermedad que se extiende a todos los pueblos), panacea (el remedio a todos los males), pancarta (cartel informativo, originalmente un documento que contenía todo lo copiado), panlingüístico (que abarca o afecta a todas las lenguas humanas), pantomima (representación teatral donde se expresa todo mediante gestos, sin hablar), panegírico (discurso o poema que alaba por completo las virtudes de una persona).

En otras ciencias aparecen Pangea (todas las tierras unidas en un solo continente), Pantalasa (gigantesco océano universal que rodeaba a Pangea; significa “todos los mares”), pantano (terreno cubierto por agua, “todo barro”), pancromático (sensible a todos los colores —usado en fotografía—), panóptico (ver todo desde un punto) y panoptismo (la teoría de esa vigilancia total).

En biología aparecen panmixia (reproducción totalmente libre en una población) y panzoótico (enfermedad que se extiende a todos los animales de una región; el equivalente a pandemia para animales).

Pangénesis (antigua teoría que decía que todas las partes del cuerpo aportaban información genética), pancitopenia (disminución grave de todos los tipos de células en la sangre, a saber: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas), panarteritis (inflamación que afecta de manera general a las arterias), panadenitis (inflamación que afecta a varias glándulas a la vez), pangenoma (todos los genes que forman una especie), panoptosis (muerte celular que combina varios procesos diferentes de destrucción de las células).

El famoso Panphagia es uno de los dinosaurios más antiguos y su nombre significa “el que lo come todo” (omnívoro). Y el nombre de otro dinosaurio, el Panoplosaurus, significa “lagarto totalmente acorazado”.

En filogenética (el estudio de la evolución y parentesco de los seres vivos), se utiliza el prefijo Pan-, agregado al nombre de un grupo vivo, para designar a su “clado total”. Esto incluye a los organismos actuales y a todos los parientes fósiles extintos más relacionados con ellos que con cualquier otro animal actual. Por ejemplo:

• Pan-Aves (todas las aves modernas y todos los dinosaurios y fósiles extintos que están más cerca de las aves que de los cocodrilos).

• Pan-Testudines (todas las tortugas actuales y todos sus ancestros fósiles extintos).

• Pan-Mammalia (todos los mamíferos actuales y mamíferos fósiles extintos).

En filosofía, aparece en conceptos como panpsiquismo (todas las cosas del universo tienen alma o conciencia), pancalismo (todo en el universo es esencialmente bello), panlogismo (todo lo real es racional; el universo entero y las leyes de la naturaleza no son un accidente, sino la manifestación de una razón o logos universal).

Panenteísmo y panteísmo se diferencian porque el panteísmo sostiene que Dios y el universo son exactamente lo mismo, mientras que el panenteísmo afirma que el universo está dentro de Dios, pero Dios es mucho más grande que el universo.

Los griegos relacionaron el nombre del dios Pan con el prefijo pan porque lo consideraban una personificación de toda la naturaleza y del principio vital del universo.

Según el Himno homérico a Pan, cuando nació, su madre (una ninfa) huyó aterrada al ver su cuerpo humano con patas y cuernos de cabra. Su padre, Hermes, lo llevó al monte Olimpo, donde su aspecto provocó risa en todos los dioses, quienes lo llamaron Pan (“el que alegró a todos”).

Pan se convirtió en el dios de los campos, los bosques, los montes y los rebaños. Los antiguos griegos creían que los ruidos extraños y sin causa aparente en lugares solitarios —como cuevas o bosques de noche— eran producidos por Pan. Creían que, si alguien interrumpía el descanso de Pan, este emitía un grito tan espantoso que infundía pánico, un terror repentino e irracional en hombres y animales. Su nombre dio origen a la palabra pánico: el miedo que Pan infundía en todos.

Durante más de dos mil años, ese pan conserva su sentido original heredado de Grecia: la aspiración a comprender el todo antes que las partes.

Descartemos palabras como panadería y panificado, que derivan del latín panis (el pan que se come), y panceta, del italiano dialectal panzetta, que es un diminutivo de panza (vientre o barriga).

 Lic. Tamara Le Gorlois