Pocos imaginan que el Partenón, símbolo de la Grecia clásica, tuvo durante siglos una vida completamente distinta.
Durante casi mil años, el Partenón no fue solamente el gran
templo de Atenea que hoy asociamos con la Grecia clásica. Con la expansión del
cristianismo y la progresiva desaparición de los antiguos cultos paganos, el
edificio se convirtió en una de las iglesias cristianas más importantes de
Atenas.
El proceso comenzó durante la Antigüedad tardía, cuando el
Imperio romano se había cristianizado y los antiguos cultos fueron perdiendo su
función oficial. Entre finales del siglo V y comienzos del VI d. C., el
Partenón fue transformado en una iglesia cristiana. Atenas formaba parte del Imperio
romano de Oriente. Sus habitantes se consideraban romanos (luego fueron
llamados “bizantinos” por los occidentales) y la iglesia fue dedicada a la
Virgen María, conocida como Panagía Athiniótissa, es decir, la Santísima
Virgen de Atenas.
El antiguo templo pagano estaba orientado de manera
diferente a la requerida por la liturgia cristiana, por lo que su organización
interior fue modificada. Se creó un ábside en el extremo oriental,
mientras que se habilitó una nueva entrada hacia el oeste.
El espacio que antiguamente había albergado la monumental
estatua criselefantina de Atenea Partenos, obra de Fidias, pasó a formar
parte del santuario cristiano.
Sus muros interiores fueron decorados con pinturas
cristianas, representaciones de santos y figuras religiosas, de las cuales
sobrevivieron vestigios durante siglos.
Donde se había venerado a Atenea, protectora de la
ciudad, comenzó a venerarse a María, también concebida como protectora
de Atenas. El edificio conservó su condición de espacio dedicado a la figura
femenina protectora, aunque dentro de un universo religioso completamente
diferente.
Otros monumentos fueron igualmente adaptados, y el Partenón
llegó a ser una iglesia de considerable importancia, incluso vinculada a la
sede episcopal de Atenas.
Esto duró siglos. Después de la Cuarta Cruzada de 1204
y de la instalación de poderes occidentales en Grecia, el Partenón continuó
siendo cristiano, pero pasó del ámbito ortodoxo bizantino al culto latino
católico. La iglesia fue entonces conocida como Santa María de Atenas
y recibió nuevas modificaciones, entre ellas una torre asociada al período
franco.
Finalmente, tras la conquista de Atenas por el Imperio Otomano en 1458, fue transformado en mezquita y se le añadió un minarete desde el cual se llamaba a la oración, integrando así el antiguo monumento a la vida religiosa islámica de la ciudad.
El edificio se mantuvo entero hasta 1687, cuando, durante la Guerra de Morea, el ejército veneciano de Morosini sitió la Acrópolis. Los defensores otomanos se refugiaron dentro de la fortaleza y, pensando que nadie dispararía contra un edificio tan emblemático, almacenaron pólvora en el interior del Partenón.
La confianza resultó fatal. Un proyectil veneciano alcanzó el templo, la pólvora estalló y, en segundos, se perdió gran parte de lo que había permanecido en pie durante casi dos milenios. Esa decisión militar, basada en la suposición de que el símbolo sería respetado, explica la magnitud del desastre.
La explosión voló el techo, derribó columnas y lanzó bloques de mármol por los aires. La imagen fragmentada que tenemos hoy es consecuencia directa de aquel episodio. Las ilustraciones anteriores a 1687, como las de Jacques Carrey, permiten asomarse a ese Partenón otomano, tan diferente del que hoy conocemos.
Pero la destrucción y dispersión del monumento no terminaron allí. A comienzos del siglo XIX, cuando Atenas todavía se encontraba bajo dominio otomano, Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin y embajador británico ante el Imperio Otomano, hizo retirar una gran cantidad de esculturas y elementos arquitectónicos de la Acrópolis. Entre 1801 y 1805, sus hombres desmontaron la mitad de las esculturas que aún sobrevivían en el Partenón, incluidas piezas del friso, las metopas y los frontones, que fueron trasladadas a Gran Bretaña y posteriormente adquiridas por el British Museum.
La forma en que Elgin obtuvo autorización para hacerlo continúa siendo objeto de una profunda controversia. El British Museum sostiene que actuó con permiso de las autoridades otomanas de la época, mientras que el Ministerio de Cultura de Grecia afirma que nunca existió una autorización del sultán que permitiera desmontar y retirar partes arquitectónicas del monumento. Algunas piezas fueron separadas utilizando sierras y palancas, provocando además daños en los bloques originales.
Aquellas esculturas, conocidas tradicionalmente como los Mármoles de Elgin, permanecen en su mayor parte en el British Museum de Londres, mientras Grecia reclama desde hace décadas su reunificación con las piezas conservadas en el Museo de la Acrópolis de Atenas. Hoy, las esculturas supervivientes del Partenón se encuentran dispersas en varios museos, aunque los dos conjuntos principales están en Atenas y Londres.
Cuadro de Jacques Carrey que representa Atenas, realizado en 1674. En aquel momento, el Partenón aún se conservaba intacto y contaba con su minarete, tras haber sido transformado de iglesia bizantina en mezquita. Durante el dominio otomano, la Acrópolis funcionó además como un barrio turco de la ciudad.La imagen muestra un grabado histórico titulado "Vue d'Athénes dont une partie est cachée derniere la colline", publicado en 1674 por el viajero y erudito francés Jacob Spon en su obra Relation de l'état présent de la ville d'Athènes. La ilustración representa la Acrópolis de Atenas durante el período de dominación otomana, destacando el Partenón transformado en mezquita (etiquetado como "La grande mosquée" sobre la "citadelle"), las ruinas del Areópago, el Arco de Adriano y los restos del templo de Zeus Olímpico.


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