Salud Financiera & Calidad de Vida: lenguajes del amor y el dinero

La decisión financiera más importante que vas a tomar en la vida es con quién te casas. ¿Por qué? Piensa en la pérdida geométrica de riqueza. Cada vez que te divorcias, le pagas a la mujer de la que te divorciaste, o al hombre, y le pagas al gobierno una tercera parte muchas veces, a través de ganancias de capital y liquidación, porque a veces no puedes separar todos los activos sin liquidarlos. Así que tienes al gobierno sentado ahí, junto a abogados y otros personajes y tienes al cónyuge sentado al lado. Esto es lo más estúpido que puedes hacer. 
Te llevó toda la vida crear ese nido, ese ahorro. Puede ser que tengas 45 años o lo que sea; tienes una vida cómoda y, de pronto, ya no te gusta tu pareja. Piénsalo bien un rato, porque vas a borrar hasta dos tercios de tu patrimonio. Y, francamente, a veces no es la otra persona de la que te estás divorciando. Eres tú. Si te estás casando por tercera vez, seas hombre o mujer, puede que no sean ellos: eres tú. Por algún motivo estás repitiendo patrones que no te ayudan, por lo que no deberías entrar otra unión económica. Probablemente deberías simplemente salir con gente hasta el día en que te mueras, sin mayor compromiso, porque sería una estupidez entrar en otra relación que indefectiblemente terminará mal si no hacemos cambios radicales.
 
Los matrimonios son duros. Cualquiera que haya estado casado más de veinte años sabe exactamente de qué estoy hablando. Pero también acumulan más beneficios que cualquier otra cosa. Así que, mientras seas feliz el 51% del día con tu cónyuge quédate con él o con ella, esposo o esposa. Eso es muy importante.
 
¿Con qué frecuencia los divorcios son resultado de problemas de dinero? Esto te sorprenderá. Kevin O'Leary escribió un libro sobre esto: La dura verdad sobre hombres, mujeres y dinero: 50 errores financieros comunes y cómo corregirlos (“Cold Hard Truth On Men, Women, and Money: 50 Common Money Mistakes and How to Fix Them”).
Entrevistó a abogados de divorcio en Nueva York, en Boston y otras ciudades y les dijo: “Miren, quiero hacer un gráfico sobre las razones del divorcio, dado que parece que el 50% terminan en divorcio entre los cinco y los siete años”.
Todos ellos (y no se conocían entre sí), dijeron lo mismo: “No es la infidelidad. La mayoría de los matrimonios pueden sobrevivir a la infidelidad; no pueden sobrevivir al estrés financiero”.
 
Lo que pasa invariablemente es que te enamoras, pero no hiciste ninguna diligencia debida sobre los hábitos de gasto de esa persona ni sobre su historial financiero, porque el amor es tan maravilloso en los primeros tiempos... No investigaste a su familia, ni a esa persona, ni a su hermano, ni si hubo una quiebra en el pasado, ni nada de eso. Y te casas, y la euforia empieza a desgastarse, y notas que el otro está gastando más que tú, comprando un montón de cosas por encima de sus posibilidades. Y ahí empieza la primera fricción.
 
Luego llega esa tarjeta de crédito con gastos irracionales a intereses impagables, y además se compró el último modelo de celular o lo que diablos sea, y empiezas a hundirte porque quizá te casaste con alguien que no puede dejar de gastar. Esto es típico. Hay personas que no tienen disciplina, simplemente no la tienen. Tienen que tener ese auto, o esa salida diaria al café o al restaurante, y esto, y aquello. Y presionan diciendo: “Quiero estar a la altura de mis amigos o los vecinos de al lado”, aunque quizá cada uno gane esté gastando más de lo que su posición les permita. No se puede. Y además tienen hijos y están intentando pagarles los estudios.
Eso es el divorcio. Esa es la razón por la que casi el 90% de las uniones se rompen: esa clásica presión financiera. Y el divorcio los saca de ese desastre porque ya no pueden seguir gastando con tu tarjeta de crédito. Pero es una forma horrible de terminar.
 
Por eso, Kevin O'Leary invierte en una empresa llamada Hello Prenup, que hace acuerdos prenupciales para mujeres y acuerdos prenupciales durante el período eufórico. Es una forma de descubrir si esa persona tiene un problema financiero antes de entrar a la relación. Tienen que revelar su historial financiero.
 
Esto nos lleva a considerar cinco lenguajes del amor y el dinero:
 
1 - El “mantenido”: alguien que no quiere pagar nada. ¿Debería salir con alguien así? Es una señal de advertencia. Es un problema. O no te quiere realmente por compañía; solo te quiere por apoyo financiero.
 
2 - El “gastador compulsivo”: alguien que siempre ofrece pagar todo para parecer popular y exitoso. Una mala señal. Narcisista en puerta. Su inseguridad y baja autoestima es medible a través del desembolso de dinero. Recluta adeptos manipulando dinero.
 
3 - El “vago”: alguien que no tiene ambición ni impulso por el dinero. Evítalo con extrema contundencia. Es un tremendo lastre. Quien no suma, resta.
 
4 - El “ladrón”: alguien que roba. No puedes tener ninguna tolerancia con eso. Cuando menos lo pienses, se fue con todo. Narcisista declarado.
 
5 - El “tacaño”: un gastador equilibrado que vive dentro de sus posibilidades. Me encanta. Cásate con un tacaño. Esos son los matrimonios que duran toda la vida. Eso es lo que deberías estar buscando. Quien valora y cuida, te cuida.  
 
Y luego pregúntate: ¿estoy saliendo con uno de estos o no? Deberías hablar de dinero en la tercera cita. Piénsalo.
Primera cita: “Dios mío, esta persona es realmente interesante”. O no, y entonces no hay segunda cita.
Segunda cita: “Quiero saber más. Estoy realmente interesado”. Si llegas a una tercera cita, está pasando algo. Ambos quieren volver a verse. Esa es la primera vez en que deberías decir: “Mira, sé que esto es una locura, pero estamos aquí juntos por tercera vez porque algo está pasando, y simplemente me pregunto cuáles son tus metas a largo plazo. No se trata de nuestro matrimonio ni de nada por el estilo, más allá de que la estamos pasando muy bien, pero ¿cuáles son tus ambiciones? Me interesas mucho. Me gustaría saber qué piensas”.
 
Y tal vez la mujer, o el hombre diga: “¿Me estás evaluando?”. Y tú dices: “Sí, sí, realmente me interesas”. Es una forma de averiguar si la conexión terminará en buen puerto.
Las citas son el baile, pero deberían incluir explorar hacia dónde vamos financieramente, antes de que sea tarde. 
Si somos virtuosos, la resiliencia nos juega a favor, pero demanda una gran pérdida de tiempo y energía. 
Quienes cuidamos la calidad de vida, debemos minimizar los errores.
 

Tamara Le Gorlois


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